Wonder Woman – Tierna mirada y puños implacables

hace 1 mes en Críticas, El despacho del Master por

Wonder Woman me ha enamorado. Pero no nos equivoquemos.

La modelo israelí tiene una belleza imposible de pasar por alto, sí. Negarlo sería descaradamente hipócrita. Pero no se trata de eso.

Lo que enamora de Wonder Woman tiene más que ver con otras virtudes. Es inteligente y audaz, sí, también, pero tampoco es eso. Lo que me parece especialmente atractivo del personaje, y que funciona a la perfección para equilibrar su indiscutible poder físico, es precisamente aquello que a menudo queda desvalorado cuando se lo compara con la capacidad de repartir tortas: su poder emocional.

Su entrañable sensibilidad. La inspiradora nobleza de alguien que mira el mundo con naturalidad y buena voluntad, y en cuyos labios no desafina la sentencia “creo en el amor” como lema superheroico.

Tal vez, de hecho, sea el lema más apropiado para quien se erige salvador del mundo, con capa o sin ella.

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Trincheras: un concepto impensable para una auténtica guerrera

Si bien otros superhéroes del Universo DC afrontan sus objetivos desde posiciones más lóbregas e intrincadas, en el caso de la amazona, cuando su inocencia –asentada en un prólogo casi caricaturesco–  y su naturaleza entran en confrontación con la realidad, no la llevan a la tragedia o a la lucha interior (como sí ocurre con el Batman más reciente, casi un antihéroe; e incluso con Superman, acechado por una agria desmotivación), sino que su dilema carga su peso en los demás: en la raza humana y su capacidad para merecer o no a alguien como ella. Toda vacilación respecto a los otros conlleva la duda sobre las propias convicciones, por supuesto, pero hay en Diana una iniciativa optimista imposible de quebrar.

Un personaje humano –técnicamente no, pero ya me entiendes– enfrentado a una realidad oscura y envilecida desde la pureza de su mundo. Y es eso lo que salva a Wonder Woman: ella.

Gal Gadot refleja una cercanía, desde la inocencia de quien no conoce el exterior, que simple y llanamente enamora. La armonía perfecta entre delicadeza y fortaleza, que se extiende también a los personajes secundarios, atrapados entre el miedo de verse implicados en la violencia de la guerra y los sueños más sinceros que aún perviven en su interior.

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Un espía británico y una amazonas: La Doble Entente.

Porque la trama la has visto ya mil veces. Contiene todos los giros, objetivos, acción espectacular y obstáculos que esperas en una película del género (es muy posible que los villanos sean lo menos interesante de todo), pero es a ella a quien queremos seguir hasta el fin del mundo, si hace falta.

Por otro lado, una de las características que, personalmente, más valoro de esta película –y sin duda esto puede desencadenar otra Gran Guerra– es lo que definiría como su asepsia ideológica. La directora, Patty Jenkins, no parece haber caído en la tentación de querer complacer especialmente a determinado sector del público y hacer a la heroína vulnerable a la apropiación exclusivista.

Muchos no necesitamos de la explicitez con que algunos productos audiovisuales están siguiendo otras líneas, básicamente porque tenemos memoria. Y como tenemos memoria, recordamos muy bien a Xena, la princesa guerrera, o a Leia, Marion, Sarah Connor o la teniente Ripley abriéndose paso entre los problemas con tenacidad, fuerza e independencia. Y por eso no nos sorprende el estreno de una película como Wonder Woman, pues ya crecimos con aquellas heroínas que entusiasmaban a niñas y niños indistintamente.

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Antes de Normandía, hubo desembarco en Themyscira

Siendo claro y directo: no recomiendo leer la cinta con gafas ideológicas, que traducen cada detalle en un veredicto –¡afinidad o condena!–, pues de hacerse con Wonder Woman, puede resultar en un verdadero estallido de cabeza (hay fortaleza física y hay ternura maternal), ya que no entra al trapo en la cuestión, sino que la aborda cuando es necesario de un modo simpático y desenfadado, y debido a una razón contextual (una isla sólo habitada por mujeres; un momento histórico en que el trato a la mujer era vergonzoso) y a ojos de una protagonista que, noble y justa como es, detecta de igual manera las injusticias machistas como las injusticias de la violencia cruda y cobarde de una guerra sin sentido.

Diana no tiene filtros específicos ante la distinción de lo que construye y lo que corrompe a la humanidad. Está por encima de eso. No obstante, las críticas serán inevitables para quien tenga diferentes expectativas.

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Esto, querido, es caca

La tendencia del ser humano a destruir al prójimo y el libre albedrío del que se vale para decidir hacerlo nos colocan en una perspectiva realista, edulcorada sólo lo necesario y que contextualiza la historia en un escenario –la Primera Guerra Mundial– del que no sólo se vale como telón de fondo o recurso meramente estético, sino que lo utiliza como símbolo, muy acertado, de tales temas.

La naturalidad con la que Diana se presenta como una mujer fuerte, decidida, inteligente, sensible y poderosa, que sólo necesita a otros en la medida en que es empática y afectiva, y que confía en su propia intuición sin un atisbo de soberbia o condescendencia, la convierten en la personificación de la compasión, la esperanza y la motivación para hacer el bien.

Inspiradora y ejemplar para todos los ingenuos que crean que el mundo necesita heroínas y héroes dispuestos a seguir mirando al mundo con los ojos del asombro y el entusiasmo.

Con los ojos de una niña.

Pero de una que, si no te portas bien, es capaz de tirarte un tanque a la cabeza.

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