Wes Anderson: el fondo y la forma (1ª parte)

hace 3 años en La silla del director por

Preámbulo a las palabras, que se las lleva el viento, sobre Wes Anderson.

  1. Sitúe el cerebro en posición neutra respecto a cuestiones como: realismo, surrealismo, modernismo, humanismo, racionalismo.
  2. Procure atender a las instrucciones respecto al hilo musical sugerido en cada momento. El correcto seguimiento del fondo musical producirá una experiencia más plena en el lector.
  3. Olvide sus pensamientos negativos respecto a las películas de Wes Anderson. No se pretende nombrarle el mejor director de la historia, pero serán preferencia —mayoritariamente— los aspectos positivos de su obra en pro de la búsqueda del goce y el disfrute.
  4. Será libre elección de cada lector, el seguimiento de los puntos uno, dos y tres, de la manera que lo desee.
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Introducción. La cuadratura del círculo. (sonando: Kristofferson theme)

Solo a través de múltiples repeticiones se puede uno aproximar a la cuadratura del círculo, sin llegar, no obstante, a encontrar un cuadrado que coincida en área con el círculo. En otras palabras, la cuadratura del círculo plantea un problema sin solución. Algo así parece buscar Wes Anderson con cada película. A partir de distintos aspectos, poco a poco, va acercándose a su obra maestra. Como —más o menos— dijo Julio Cortázar: «el escritor —pongamos aquí artista— se va acercando siempre a su mejor obra; cada trabajo es uno menos hacia el definitivo y perfecto, que sin embargo nunca llega». Wes Anderson no es Hitchcock, ni tampoco es Kubrick; tiene tantos amantes como detractores; películas mejores y peores. Ahora bien, nadie puede negar que el realizador norteamericano posee un estilo propio que, película tras película, va puliendo y perfeccionando, aunque esto no signifique necesariamente que cada obra sea mejor que la anterior.

Capítulo primero: Disección de un estilo en constante reciclaje. (sonando: Concrete and clay)

Si uno ha visto la mayor parte de las películas de Wes Anderson le será sencillo reconocer ciertos elementos que se repiten en mayor o menor medida, a saber:

  1. Personajes vilipendiados o excluidos socialmente; en menor medida personajes de posición privilegiada pero solitarios.
  2. Música pop(ular), denominada ‘moderna’ o ‘de modernos’; más técnicamente ‘alternativa’, a saber: Rolling Stones, The Kinks, The Velvet Underground, John Lennon, The Who, Ramones, Francoise Hardy, Nico, The Beach Boys…
  3. Búsqueda de la perfecta simetría en la composición de los planos o más técnicamente, pulcritud en la Mise en scène —sobre este respecto hay varios vídeos en la red la mar de interesantes—.
  4. Historias en las que los protagonistas han sufrido alguna pérdida humana en sus vidas.
  5. Bill Murray.
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Por supuesto, estas constantes son el blanco perfecto para las críticas negativas. Repetición, falta de originalidad, falta de gracia… Quizás, y a lo mejor me equivoco, existe un problema a la hora de definir a Wes Anderson como hacedor de comedias. Vale, digamos que no hace dramones de cinco pañuelos, pero tampoco es que su cine sea cercano a la comedia tradicional precisamente. Por ello, existen algunos problemas relacionados con el director, como:

  1. Su cine suele ser protagonizado por actores de renombre que a lo largo de los años han ayudado a dar difusión a sus películas. Dicha repercusión produce que el espectador medio, acostumbrado a obras más convencionales, sienta especialmente absurdo, aburrido o incomprensible toda película de Wes Anderson aunque sea protagonizada por Ben Stiller, Owen Wilson o Adrien Brody.
  2. Realmente, pueden ser absurdas y a veces surrealistas de más, pero bueno, es cine.
  3. La imperiosa necesidad de etiquetar y encasillar el cine dentro de algún género, llama comedia a lo que solo es cómico por momentos porque sus personajes tengan un aspecto estridente, produciendo unas expectativas erróneas en los espectadores no familiarizados con el cine de Anderson.
  4. La propia excentricidad de los personajes y su ausencia de carácter desternillante. Este aspecto produce grandes ofensas en según que espectadores; del mismo modo, no gusta el intelectualismo y la pedantería, justo lo que hay que tomar menos en serio adquiere una sonora gravedad.

Capítulo segundo: El idilio no correspondido de Max Fischer. (sonando a Summer song)

Para Wes Anderson todo empezó con un cortometraje que llamó la atención del cineasta y productor James L. Brooks; éste ayudó a llevar a cabo su debut basado en dicho corto, ‘Ladrón que roba a ladrón’, obra en la que podemos encontrar leves trazos del estilo que hoy define al cineasta a través de una historia, levemente surrealista, protagonizada por Luke y Owen Wilson. Esta primera y discreta película sirvió de arranque para un director que sonó desde entonces como una de las ‘grandes esperanzas del cine norteamericano’ y bla, bla, bla… Su siguiente trabajo supuso su primer paso realmente firme en el mundo del séptimo arte: ‘Academia Rushmore’.

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En un primer momento podríamos pensar que estamos ante otra estúpida película americana ambientada en un contexto estudiantil; pero esta idea se esfuma en cuestión de minutos. Sí, se dan algunos tópicos, aunque solamente a priori. Aparecen:

  1. Un estudiante adolescente en cierto modo problemático y especial, sin muchos amigos.
  2. Una chica, de la cual el protagonista se enamora.
  3. Un amigo, también enamorado de la chica.
  4. Mentiras, venganzas, amores, desamores…

Pero claro, el protagonista no es que sea el típico excluido social de este tipo de películas; Max Fischer es un alumno becado en la prestigiosa academia Rushmore, en la que desempeña multitud de actividades dando rienda suelta a su creatividad y habilidades; su personalidad y astucia le ayudan en su día a día, no regido por el estudio precisamente. Por su parte, la chica no es de su quinta, a decir verdad es una maestra algo mayor que él; no obstante, su particular forma de ser no le hace ver problema alguno en ello. El ‘leal’ amigo es en realidad el padre de dos compañeros. Un hombre hastiado por su vida que encuentra en Max Fischer el hijo que nunca tuvo. El resto queda para los ojos de cada uno.

He aquí el paradigma wesandersiano, constante en todas sus películas: A medida que pasan los minutos el espectador puede comprobar como la historia apenas se parece a la realidad aunque, en efecto, acabe tratando de manera más o menos profunda cuestiones de la vida real. Para mí, este es el principal valor de todas y cada una de las películas de Wes Anderson; no siempre consigue alcanzar el mejor resultado, pero es extraño que no se pueda hacer una lectura aplicada a la vida cotidiana de la mayoría de sus historias. ‘Rushmore’ supuso la aparición estelar de Jason Schwartzman y la enésima resurrección de Bill Murray. No es la mejor de sus películas pero sí se pueden encontrar momentos grandiosos, además de un singular cuento cinematográfico sobre la amistad en esos convulsos años adolescentes.

 

Capítulo tercero: El silencio de Margot Tenenbaum (sonando Stephanie says)

Si en ‘Academia Rushmore’, Max Fischer parecía huir de los arquetipos para convertirse en una nota disonante, en ‘The Royal Tenenbaums’ aparece la onda expansiva en formato familiar producida por dicho personaje. Y es que, si debemos referirnos a una película que defina a Wes Anderson, esta solo puede ser ‘The Royal Tenenbaums’. Además de ser su primera gran obra coral, constituye la piedra angular sobre la que se yergue su simétrico  y particular estilo. ‘Rushmore’ ya había dado cuenta de ciertas características que película tras película fueron forjando la identidad de un director reconocido hoy en día por su inconfundible forma de hacer cine, que a partir de la historia de esta peculiar familia, alcanzó gran fama ganando seguidores y enemigos por doquier.

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Dada esa bipolar forma de ver el cine del director norteamericano creo que voy a dirigirme a vosotros, lectores, por las dos siguientes vías para hablar de ‘The Royal Tenenbaums’:

  1. Sí, me encanta ‘The Royal Tenenbaums, Wes Anderson es el uno.

Lo excéntrico de cada uno de los personajes y situaciones que Wes Anderson nos plantea se convierten en un simple reflejo de la vida real, solo hay que ir más allá de su aspecto y de la propia historia; hay que ir incluso más allá de las canciones que revisten de manera especial escenas tan inolvidables como la de Margot Tenenbaum bajando del autobús al encuentro de su hermanastro Richie. La música de Nico, su tono de fluctuante afinación nos recuerda lo imperfecto de cualquier historia, las miles de aristas que hacen única a cualquier persona para lo bueno y para lo malo. ‘The Royal Tenenbaums’ no es una comedia aunque podamos reirnos de vez en cuando, no es un dramón que pretenda sacar la sensibilidad a relucir. Es un pequeño cuadro de grandes contrastes donde los celos, las mentiras, las decepciones, los miedos y las inseguridades se mezclan con el amor, la amistad, la fidelidad y la infidelidad. En definitiva, un cuento que no pretende demostrar nada, solo ser una historia que cada uno pueda interpretar y recordar a su manera.

 

      2.  En realidad no me gustó, el tal Wes Anderson me resulta un poco pedante de más.

Creo comprender a las personas que no encajen bien las películas de Wes Anderson, incluso puedo estar de acuerdo muchas veces con ellas como sucede por ejemplo en ‘Life Aquatic’ de la que hablaremos más tarde. ‘The Royal Tenenbaums’ no va de nada en concreto aunque Gene Hackman es genial —y esto es un hecho— y hay algún momento interesante pero a quién pretende encandilar con una historia tan absurda. Además, ¿qué pasa con Ben Stiller y Owen Wilson? ¿Acaso esto no era una comedia?

‘The Royal Tenenbaums’ es una película singular en muchos aspectos, guste o no guste. Es decir, un poco lo que viene a pasar con cualquier obra de Wes Anderson. No voy a reiterar lo que ya he comentado, a mí me gustó todo lo comentado en el punto uno además de encontrar a Gene Hackman espléndido y ‘asumir’ que Owen Wilson y Ben Stiller no solo se dedican a pelear en museos y a hacer comedias basura. Como todo lo dicho en esta primera parte, Wes Anderson no viene a mostrarnos la luz, pero si es capaz de despertar grandes emociones de una manera única, aunque ésta no sea compartida por muchos. Algo que en realidad no es ni mucho menos malo.

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