Últimos días en el desierto – Jesús del profundo sueño

hace 6 meses en Críticas por

Últimos días en el desierto (Una historia del nuevo testamento) será el próximo film de Ewan McGregor (después del superventas La bella y la Bestia) del que podremos disfrutar en nuestro país, aunque la película se rodó hace dos años y se ha ido estrenando con cuentagotas por el mundo. Su director no es otro que Rodrigo García, el hijo del Nobel de literatura Gabriel García Márquez, cineasta que si bien ha centrado su carrera produciendo y dirigiendo televisión, de cuando en cuando se embarca en proyectos cinematográficos personales.

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En esta ocasión y aunque la película me dejó bastante fría, debo admitir que entiendo que quizá la cinta no es para mí, y puede que otro espectador más familiarizado con la religión o incluso con la imagen de Jesús encuentre valor en ella. Yo la califico atendiendo a la historia de un hombre sencillo pero con una responsabilidad a sus espaldas, que intenta encontrarse a sí mismo y a su padre (la película trata con respeto y distancia el hecho de que este puede ser un predicador más con sus propias circunstancias, alejándose de una idea engrandecida y hollywoodiense de Jesucristo).

Decía García que con Últimos días en el desierto pretendía hacer una alegoría desde su subconsciente sobre la relación paternofilial, partiendo de una historia ficticia pero sencilla y en un ambito de dominio colectivo como la peregrinación de Jesús por el desierto, atendiendo así a los problemas de comunicación de éste con su propio padre (el de los cielos). Así, nos encontramos a su vez con otra dificil relación padre e hijo en el plano terrenal, y en la que Jesucristo intentará mediar. A la vez, este Jesús humanizado se encuentra con su alter ego, otro Ewan McGregor (el demonio, presumiblemente por lo que dice) más sofisticado y orgulloso, que intenta hacer sentir al Mesías culpable, mínimo, inútil y olvidado por su celestial progenitor.

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Ésta es una historia alejada de misticismo, pero, desgraciadamente, también de interés. Ha de decirse que aunque la película goza de buenas intenciones y una fotografía preciosa, su sencillez roza lo banal, no por sencillo sino por aburrido, escaso y soporífero. No es que la falta de espectacularidad haya hecho mella en esta espectadora, pero la película tiene dificultades para comunicarse con el público aun cuando nos manda mensajes claros sobre cómo entender la vida y la muerte, los límites de nuestra responsabilidad y poder sobre los demás, e incluso la debilidad y los deseos.

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Emmanuel Lubezski dirige el apartado fotográfico de esta película, rodada casi como se grabaría un documental; Ciarán Hinds, Tye Sheridan Ayelet Zurer completan el reparto, junto con el propio desierto. Estos últimos forman esa familia terrenal a la suerte de las circunstancias, y que darán cobijo a Jesucristo, quien se debate con sus propios pensamientos antes de salir del desierto a sacrificarse por nosotros.

Recomendable para aquellos que busquen otras formas de filosofar sobre la imagen de Jesús o que quieran echarse una buenísima siesta.

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