Steven Spielberg (2ª parte.). A la caza del Oscar.

hace 5 años en La silla del director por

A mediados de los ochenta decir Steven Spielberg era sinónimo de éxito. El director se había convertido en el hombre de referencia en Hollywood en sólo una década; nadie le hacía sombra y sus trabajos eran venerados tanto por el público como por la crítica. Sin embargo, Spielberg puso su objetivo en un lugar aún más lejos de donde había llegado. El éxito sin más dejó de ser su prioridad pues esto ya no tenía mérito. Steven Spielberg se propuso entonces pasar a la historia a todos los niveles y el Oscar se le puso entre ceja y ceja. Desde luego que la industria le adoraba pero la Academia era otro cantar. Comenzó así su carrera hacia el Oscar.

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Su primer intento fue la notable ‘El color púrpura’. Después de dirigir a extraterrestres, tiburones y aventureros, se lanzó a trabajar en un drama racial ambientado en el corazón de Estados Unidos durante los primeros años del siglo XX. Spielberg pese a ser nuevo en el género, se desenvuelve con talento en la faceta dramática, dando una película emotiva que si bien no es una obra maestra trasciende al espectador llegando a emocionar gracias a una gran Whoopi Goldberg; la actriz interpreta con soltura un papel que le valió un Globo de oro, aunque aquella noche ya supuso el presagio negativo que sería la noche de los Oscar para Spielberg en éste su primer intento.

La película obtuvo once nominaciones que sin duda tuvieron que gratificar al director. Sin embargo, el día de la ceremonia las nominaciones no se tradujeron en premios, siendo una de las grandes derrotadas de la historia de los Oscars al no obtener ninguna estatuilla de las once posibles. Desconozco cómo se sintió Spielberg, el director que no tenía límites acababa de encontrar la horma de su zapato: un reto se le acababa de atragantar sonoramente. Por supuesto que no se hundió en una cueva y pronto estuvo dando guerra de nuevo; además, comenzó a realizar otro tipo de trabajos dentro del mundillo que confirmarían todo aquello que ya se sabía: lo que Spielberg toca, en oro se torna.

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De este modo, el realizador estuvo relacionado con trabajos tan inmortales como la saga de ‘Regreso al futuro’ o la típica película de infancia que todo el mundo recuerda ‘Los Goonies’, la cual nació de su mente. Así mismo, estuvo detrás de la serie ‘Cuentos Asombrosos’, y produjo películas como ‘Gremlins’  y la muy  spielbergiana Poltergeist’. Sin embargo, Spielberg seguía con un objetivo claro en la cabeza, el señor Oscar.

Y así, en su segundo intento por alzarse con el Oscar, Spielberg dirigió un film nuevamente dramático (ya se sabe: lágrimas=Oscar) esta vez ambientado en la Segunda Guerra Mundial, contexto que daría a Spielberg no pocas alegrías en el futuro. ‘El imperio del sol’ narra la historia de un niño en medio del conflicto cuando este llega a Shanghai y el posterior cautiverio de un joven Christian Bale que da vida al chico. El cineasta nuevamente dirige con notable resultado, pero del mismo modo, vuelve a toparse con el fracaso en su carrera hacia el Oscar. Además, y como sucedió con su anterior trabajo, el público da en cierta medida la espalda al director.  No debió ser sencillo para Spielberg ver cómo fracasaba por segunda vez. Parecía estar abocado al cine comercial donde sus películas se contaban casi totalmente por éxitos. Aún tendría que esperar algunos años para que fuera reconocido su esfuerzo, pero esto no significó que dejara de crear películas imborrables.

Si obviamos la muy prescindible ‘Always’ cuyo mayor reclamo es ver a Audrey Hepburn por última vez en una película, nos plantamos en el ocaso de una década que había llevado a nuestro director a lo más alto del panorama cinematográfico; una década que había puesto nombre y apellido al ejemplo de éxito y talento; unos años ochenta que terminaban con Spielberg en plena forma, llevando a la gran pantalla la que sería la tercera y por muchos años última entrega de la saga de Indiana Jones.

Para muchos la mejor, para muchos la peor; para muchos igual de buena que las otras dos, ‘Indiana Jones y la última cruzada’ mantiene todo lo que hace de Indiana Jones uno de los mejores personajes de aventuras de la historia del cine. Si a Harrison Ford añadimos un joven River Phoenix en plena ascensión hacia la inmortalidad, y a Sean Connery como muestra del talento imperecedero, descubrimos que esta tercera entrega de la saga no tiene nada que envidiar a las anteriores si acaso más bien lo contrario. Spielberg decía adiós a los ochenta con un puñetazo en la mesa que alejaba los últimos fantasmas. Su talento permanecía intacto.

Si bien los ochenta habían dado fama y prestigio a Steven Spielberg, los años noventa serían los de su espaldarazo a todos los niveles. No obstante, el escozor por los varapalos académicos aún perseguían al director que parecía estar esperando su momento, sin prisa, como los grandes depredadores. Así, la primera película de la nueva década fue la adaptación particular que hizo de uno de sus cuentos favoritos y que de algún modo, representa el espíritu del cineasta. ‘Hook’ no es una de las grandes películas de Spielberg y sin embargo no deja de ser memorable. Quizás si el director fuera otro esta película gozaría de mejor fama, pero tratándose del creador de mitos como ‘E.T’ o Indiana Jones, aquí la interpretación del cuento de Peter Pan no acaba de alcanzar dichas cotas. Esto le suele pasar a los grandes, pero no nos engañemos, ‘Hook’ posee la suficiente magia para ser una película remarcable. ¿Quién no recuerda al capitán James Garfio en la persona de Dustin Hoffman? ¿o el país de Nunca Jamás reencontrado por Peter Pan (Robin Williams)?

La película no obtuvo todo el éxito que habían cosechado trabajos anteriores y tampoco tuvo ninguna repercusión especialmente reseñable en las esferas académicas. Spielberg seguía acechando, su momento estaba próximo. Había sabido tener paciencia después de su segundo traspiés. A la tercera debía ser la vencida, y así, simplemente, esperó entretanto seguía dando muestras de su gran labor cinematográfica. Y así llegamos a 1993. El año que supuso un antes y después en la carrera del ‘rey Midas’. Nada volvería a ser igual después de aquel año. Spielberg pasó del éxito comercial a la historia del cine. El director de masas se convirtió en maestro.

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Aquel año Spielberg decidió olvidarse del color. El blanco y negro sería apropiado. Decidió olvidarse del melodrama y de su particular talento para realzar los sentimientos agudizando las posibilidades de conseguir lágrimas fáciles. Se olvidó del cine que hubiera visto hasta ese momento. Spielberg se olvidó de Spielberg para rodar sin más fin que transmitir la historia como nunca antes se había hecho. No sé si fue por orgullo, por principios, por creencia o simplemente por demostrar al mundo que sabía hacer cine de altura, de ese que trasciende. La cuestión es que Spielberg cambió el cine el día que se estrenó ‘La lista de Schindler’.

Hasta entonces la idea del holocausto sufrido por distintos pueblos en la Segunda Guerra Mundial era una cuestión que vagaba en los libros y en los documentales. Spielberg se valió de su nombre para acercar el horror a las masas. Quizás el tema le sobrepasó como para basarse en efectismos, y es por eso que el tema está tratado con la suficiente frialdad como para convertirse en un relato sincero. Es cine, claro. El horror seguro que fue mucho peor de lo que cualquier película pueda proponerse mostrar. Pero aquí, Spielberg acercó sin miramientos una idea de lo que pudo ser aquello al mundo. El cine con tintes históricos pocas veces había sido tan descarnado y así, finalmente, Steven Spielberg ganó el Oscar al mejor director además de otros seis por su cinta sobre el holocausto. No me cabe la menor duda de que si este título fuera de un país europeo y su director no fuera tan ‘mediático’, los detractores de la cinta serían muchos menos. Es una teoría.

Aquella noche de los Oscars el mundo del cine se rindió a Spielberg pero además, otra película de su cosecha se catapultó a los anales de la historia aquel mismo año, aquella misma noche. Al director le sobró tiempo aquel 1993 para estrenar la película que revolucionó definitivamente los efectos especiales. Si ‘Star Wars’ había tirado los muros de las limitaciones en el pasado, ‘Jurassic Park’ puso los cimientos de lo que sería el futuro del cine y los efectos especiales. La película posee las características de lo que fue ‘Tiburón’. Una cinta donde lo que prima no es la historia sino lo que se ve o se esconde la historia.

En ‘Jurassic Park’ la cámara solo tenía ojos para los dinosaurios, los verdaderos protagonistas. Ver la película después de veinte años emociona como el primer día. Y los efectos, pese a los años, siguen siendo espectaculares. En un mismo año, Steven Spielberg dirigió dos películas opuestas pero igualmente brillantes. El Spielberg de siempre y el maestro se dieron la mano en un año que pocos cineastas hayan firmado, si acaso existe alguno. Spielberg alcanzó la cima de su carrera, después de este año su nombre sería incuestionable en ningún ranking o lista sobre los mejores. El éxito nunca le ha abandonado desde entonces, pero tras ese año, cualquier logro conseguido parece menor. Quizás la dificultad de superarse, la falta de ambición…pero el cine de Spielberg, aunque notable, en muy pocas excepciones ha vuelto a sorprender de la manera que consiguió durante su ascensión hacia la inmortalidad, como veremos en la última parte.

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