Star Wars, Episodio VIII: Los Últimos Jedi – Siete razones para odiarlo

hace 12 meses en Críticas, Desvarios cinéfilos, El despacho del Master por

¿Odiarlo? No, claro que no. El odio es para los Sith, y aquí somos todos muy Jedi –por mucho que Luke quiera cargárselos–. Pero es innegable que Star Wars, Episodio VIII: Los Últimos Jedi no ha contentado a todo el mundo y nos hemos preguntado por qué.

Las películas de Star Wars contienen héroes con suerte, momentos de casualidad y, algunas de ellas, incluso humor desafinado. Algunos de los recursos explicados aquí son muy comunes, pero quizá la cuestión reside en el cómo y en la medida en que se utilizan.

Un exceso puede pasar factura.


1. Premisa inconexa

The First Order reigns es la primera frase del texto inicial amarillo que se pierde en la inmensidad del espacio. La Primera Orden es ahora la que gobierna la galaxia, y muchos ya pensamos que nos acaban de trucar las cartas.

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carrietfa¿Y qué hago ahora yo con este puñado de figurantes?

Un momento, ¿no había una Nueva República? Sí, sabemos que la todopoderosa Base Starkiller eliminó de los mapas todo el Sistema Hosnian, que albergaba un Senado itinerante, pero ¿de veras eso ha acabado por completo con la Nueva República? ¿qué clase de gobierno galáctico era ése? ¿qué comanda la General Leia? ¿dónde está el resto de la flota? ¿no era la Resistencia únicamente una especie de filial de algo mucho más grande?

El contenido sociopolítico y militar en Star Wars es absolutamente fundamental. Todas las películas de cualquiera de las trilogías entienden que el contexto político y las luchas de poder son esenciales como escenario en el que transcurren las aventuras de los protagonistas. Los personajes pasan años luchando contra éste o aquél regimen y los conflictos –el ascenso de la Confederación de Sistemas Independientes, las Guerras Clon y la Guerra Civil Galáctica– son longevos, duros y duraderos.

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Aquí también acabaron con un Senado, sólo que fue más sutil y civilizado todo

Sin embargo, aquí pretenden hacernos entender que ahora, de un plumazo, ya solo quedan 400 rebeldes que, aún cuando habían ganado la última batalla –y vaya si la ganaron, reventando el superarma de la Primera Orden– están tan desesperados y derrotados que todo se parece sospechosamente al estado en que estaban los rebeldes originales en la Trilogía Original.

Parece que alguien no se ha atrevido a explorar una premisa tan interesante como podría ser tener dos facciones igualmente poderosas pugnando por el control de la galaxia. Se ha decidido, por el contrario, comprimir el argumento para que toda la contienda la decida una persecución muy específica que no permita elipsis ninguna. No parece un movimiento muy honesto y coherente con la película anterior.

2. No hay sentido del riesgo

Estamos muy acostumbrados a secuencias de acción imposibles y personajes que hacen proezas herocias, pero cuanto más lejos están de la realidad, menos consiguen conectar con el público.

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Las muestras de dolor son de agradecer y humanizan a los personajes

Poe Dameron es un personaje carismático, sin duda. Y cuando se sube a su particular X-Wing de color negro, la acción y el espectáculo están asegurados. Pero si lo vemos realizar piruetas imposibles y arrasar él solo con la cubierta de un acorazado sin verdadero esfuerzo, dejaremos de pensar que le cuesta algo hacerlo. La realización también tiene mucho que ver: los planos subjetivos clásicos de las batallas espaciales originales no sólo eran un recurso formal, sino que invitaban a ponernos en el lugar del personaje y vivir un poco de esa emoción ante el peligro.

Un personaje puede ser hábil y tener suerte, pero cuando pasa a ser inmortal se pierde credibilidad y se da al traste con el sentido del riesgo, esa sensación que nos mantiene tensos ante una situación difícil porque asumimos que el peligro que afronta el personaje es real y tiene consecuencias.

En los dibujos animados, los peligros no tienen consecuencias más que una cara negra tras una explosión o un chichón temporal. Sucede lo mismo con las películas que pretenden amontonar el mayor número de proezas en un tiempo récord, de las cuales los personajes salen total y absolutamente ilesos sin demasiado esfuerzo más que alguna expresión y un par de jadeos. A eso se le añade el uso del humor excesivo para suavizar los conflictos hasta el punto de que nadie se los toma en serio.

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Las carreras trepidantes quizá sean mucho más interesantes cuando nacen de un conflicto importante e integrado en la trama, cuya resolución influye en la historia más allá de la distracción

Secuencias en las que los personajes atraviesan una ciudad a lomos de fathiers desbocados que trepan acantilados (por ejemplo) eliminan el drama del peligro y, con ello, el interés más allá del artificio visual. Los momentos en los que sí hay un riesgo real o sí muere algún personaje están tan acunados por la puesta en escena que sabes que, a no ser que la música empiece a ponerse emocional y entre en juego el slow motion, nadie saldrá herido.

3. Oda al deus ex machina

Además, muchas de las situaciones de riesgo se solucionan mediante el deus ex machina: un golpe de suerte o una aparición inesperada justo en el momento preciso (el recurso más manido de Hollywood). Y a veces hay que añadir a esa suerte inverosímil una solución aún menos creíble, como BB-8 pilotando un AT-ST.

Justo van a dar con la celda en la que justo hay un experto –no el que fueron a buscar– que sabe justo lo que necesitan saber y justo va a acompañarles, porque se encontrará precisamente con BB-8 y justo reaparecerá cuando estén ya rodeados y sin salida. Todo muy justo.

No nos engañemos: estos golpes de suerte están en todas las películas de acción y aventura, es simplemente, como decíamos al inicio, una cuestión de medida. Si todo ocurre mediante una suerte oportunísima y cada giro se produce por la gracia de la Fuerza, llega un momento en que todo parece fruto del bondadoso azar.

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El General Hux gozaba ya de un evidente tinte de caricatura del villano, pero al menos era malvado e inquietante. Un chiste de madres, ¿en serio?

Lo mismo sucede si, por ejemplo, en una nave que es tremendamente grande –la Supremacía de Snoke– resulta que justo te cuelas en la tintorería, donde te esperan unos estupendos uniformes de tu misma talla. Y me lo presentas con un gag para que entre mejor.

Es cierto que alguien podría decir “¡oye! ¿y qué hay de Rogue One, Una Nueva Esperanza o incluso de La Última Cruzada? ¡En esas hacían lo mismo!”. Invito a cualquiera a comparar la justificación y el contexto de cualquiera de las secuencias que reúnen estos tres ejemplos, así como la manera en que se desarrollaban, lo que aportaban a la historia y cómo concluían. No hay punto de comparación.

4. Comedia en otro tono

Los comic reliefs o alivios cómicos son necesarios. Son aquellos elementos –gags, personajes, situaciones– que sirven para aligerar la carga del drama y aliviar la tensión del espectador ante hechos intensos. Equilibran el tono de la película y son de agradecer. Excepto cuando son excesivos.

Entonces, la película corre el riesgo de convertirse en una sucesión de chascarrillos, de chistes descontextualizados que los personajes no harían en una situación real porque estarían demasiado ocupados tomándose en serio lo que están haciendo.

Cuando Han Solo protagoniza una escena cómica en medio del rescate a la Princesa Leia en Star Wars, Episodio IV: Una Nueva Esperanza, no es que él haya decidido hacerse el gracioso, sino que la situación es cómica por lo absurda que es. Han trata de tranquilizar al imperial que le habla por el comunicador hasta que éste le pide el número identificativo, y entonces todo se va al traste. La comicidad reside en el sinsentido o contraste de la situación, no en la capacidad del personaje de marcarse el chiste.

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Han conoce la diferencia entre tener gracia y hacerse el gracioso, ¿verdad, Han?

En la propia película hay chistes que sí encajan con el humor más sarcástico y sutil del Star Wars original. Que Leia ordene a 3PO borrar su expresión nerviosa de la cara no es resultado de que Leia se haga la graciosa, es resultado de que está tensa y, dado que conoce al droide desde hace mucho, es capaz de decirle que se tranquilice de un modo tan elocuente como lo es ella. Y Luke bien puede ser ese anciano pícaro que te guiña el ojo cuando va a hacer una de las suyas. O incluso cuando Kylo golpea con la Fuerza a Hux y acto seguido uno de los pilotos procede a obedecerle sin perder la compostura, se provoca la risa pero la reacción tiene sentido.

Se trata de conocer y respetar a los personajes, no tomárselos a guasa.

Si tenemos a un personaje que ha sido herido gravemente y del que no sabemos si tendrá secuelas, y es presentado desde el primer minuto al más puro estilo clown –golpeándose contra la escafandra, cayéndose al suelo y paseándose desnudo mientras le chorrea el traje–, el mensaje que se nos transmite es evidente: no hay peligro real ni consecuencias reales. No te preocupes por los personajes, estarán bien. Tú sólo ríete.

Los clowns son geniales, pero quizá no para Star Wars.

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Muchos estábamos sinceramente preocupados por Finn después de que Kylo le rajase la espalda con un sable láser. Llamadnos exagerados…

Eso no es todo, sino que además este tipo de comedia marca el tono de la película, y es posible que momentos y detalles que no debieran tomarse a risa sean interpretados por el público como una invitación a la carcajada. Tal vez –solo tal vez– un plano detalle de la cara de Snoke atenazada por la desagradable mueca de la muerte no haya sido pensada para hacer gracia, pero es habitual que una buena parte del público ya complemente ese plano con sus carcajadas.

5. Expectativas frustradas y engaños deliberados

Si usas mínimamente las redes e internet, ya estarás harto de leer titulares clickbait. Zanahorias al final de un cordel que luego se esfuman o resultaban ser nabos pintados de naranja. Esto sucede con Star Wars, Episodio VIII: Los Últimos Jedi. El tráiler prometía, entre otras cosas, a un Luke con muchísimo que explicar.

¿Los Jedi deben de extinguirse? ¿Cómo? ¿En serio? Muchos elucubramos al respecto, y aunque las teorías eran todas distintas, coincidíamos siempre en una cosa: la razón de que Luke sea ahora un viejo gruñón asustado y derrotado que quiere que su Orden desaparezca debía de ser una muy muy oscura y muy muy potente. Solo un motivo verdaderamente grave podría llevarnos a aceptar que el héroe de la Trilogía Original se hubiera convertido en eso.

Pero pensándolo bien, no parece muy digno de Luke haberse convertido en un ser que detesta a los Jedi y a sí mismo por haber fallado en una tarea, por mal que haya salido. Para muchos de nosotros, las expectativas creadas por una premisa de guión interesantísima se desinflan a la hora de ponerse en pantalla.

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“Esto no va a ir como tú te crees” ¡Y tanto que no, Luke!

No se trata de desear que todas nuestras elucubraciones se cumplieran, o que las teorías sobre éste o aquél personaje fueran las correctas. Se trataba de responder con proporcionalidad a las grandes cuestiones creadas.

En cualquier caso, ¿has contado las veces en las que la película juega a engañarte? Leia va a morir, pero no, luego sí, luego no. Finn va a morir, pero no. Rose va a morir, pero no. Luke va a morir, pero no, pero sí. La sensación de que se trata a toda costa de sorprender al espectador con algo inesperado llega a anteponerse a la idea de que simplemente han querido contar una buena historia, sin preocuparse tanto del tachán de las sorpresas y los trucos imprevisibles.

Señor Rian Jhonson: no me sorprenda, emocióneme.

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Di que sí Mutt

6. Llevar de la mano al espectador

El cine con más vocación comercial tiende a querer ser entendido por cuanto más público mejor, para ampliar el ratio de sus espectadores y permitir a los más pequeños disfrutar en familia de las películas. A veces, sin embargo, esto tiene algunas consecuencias que rebajan el tono dramático, atenúan la gravedad o la intensidad de la historia y devienen en una sobreexplicación de los hechos.

Cuando era pequeño y veía las películas originales, recuerdo que no lo entendía todo a la primera. De hecho, pasé mucho tiempo preguntándome por qué Yoda no terminaba la frase en la que supuestamente revelaba a Luke quién era su padre (Tu padre es… –decía– y yo me quedaba esperando a que dijera el nombre después). No entender algunos aspectos, o incluso pasar miedo en algunos momentos, no me arruinó la experiencia y no me hizo dejar de querer verlas una y otra vez.

Las explicaciones de Jan Dodonna o Mon Mothma, líderes rebeldes, eran directas y claras, pero estaban cargadas de verdadera preocupación: nos jugábamos algo. Estaban abrigadas por un ambiente militar y sometidas a la duda, mientras que los planes de Finn y Rose son ocurrencias impulsivas sin verdadero conflicto. Rogue One: A Star Wars Story, sin embargo, supo reflejar la importancia de un plan arriesgado con la mejor de las herramientas: la emoción de los personajes –de Jyn Erso en este caso y a través de la duda y el temor de quienes la rodean–.

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No creo que R2 guarde el resto del mapa en su memoria”, anticipaba C-3PO en una muestra de sobreexplicación y anticipación evidentes en la entrega anterior

Los niños actuales no son tontos. Tal vez no sea necesario acompañar cada plan con imágenes holográmicas que explican a la perfección, con una fórmula simple acompañada de mucha palabrería técnica –que trata de generar la sensación de que se habla de algo muy complejo… ¿hexaencriptados? Vale.–. Las explicaciones mencionadas arriba eran sencillas, pero no simples y vacías.

Y en cualquier caso, ¿cómo han conseguido Rose y Finn los planos de la nave insignia de Snoke? Conseguir planos de naves y bases enemigas debe ser algo sencillo en el Universo Star Wars, algo que no necesita de sacrificios ni esfuerzos especiales, ¿no?

7. Relevo apresurado

Luke puede no ser perfecto, pero tiene que ser Luke. Está muy bien querer cerrar el capítulo de Luke Skywalker, y con ello cambiar toda la historia de Star Wars, pero no se puede hacer a la ligera.

Son unas cuantas las veces en las que la película nos dice bien claro –a nosotros, los espectadores, los fans– algo así como: “ey, olvidaros de todo lo anterior, que ya es hora. Esto va a cambiar, el pasado os lo quedáis. Aquí R2 tiene apenas dos minutos de pantalla y Luke es otro tipo distinto. Ya no hay Han, ¿vale? Leia sí, pero ahora vuela. Así que hala, id preparandoos que esto ya no es lo mismo.

Más o menos.

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Por muchos ojitos que pongas, Rey, tu tío no te va a hacer caso. ¡Hija de Leia, seguro!

No está mal hacer algo nuevo, pero tampoco está bien maltratar los orígenes de una saga decenaria o intentar cambiarla en mitad de una trilogía que, guste o no, forma parte de la línea principal de episodios de una historia que tiene determinadas reglas. Nadie dice que no se haga nada nuevo, pero jugar con personajes tan queridos por tanta gente es una tarea delicadísima, y hay que saber encontrar un punto adecuado de equilibrio entre el fan service –hago lo que los fans quieren– y el business service –hago lo que creo que me va a dar más dinero o versatilidad comercial–.

Algo falla cuando el propio Mark Hamill, apasionado del personaje que encarna y de su universo, no parece entender hacia dónde han llevado su personaje.

Por otro lado, sí nos parece que Leia haya conservado su personalidad y carisma con un sobresaliente. La General Organa es fuerte, sarcástica y mantiene la compostura que le caracteriza, además de suponer un refuerzo al drama y la relevancia de los acontecimientos con sus intervenciones sólidas y coherentes, y su visible y constante preocupación. Carrie Fisher, descanse en paz.

Todos entendemos que el Universo Star Wars debe evolucionar, pero tomar el relevo de sus personajes no es fácil. Si ya va a haber otra trilogía, una serie e innumerables spin-offs, ¿por qué esa prisa por cambiar tantas cosas ahora? Rápido y mal no es una opción. Luke y la Fuerza merecen un arco narrativo más trabajado, aún cuando eso suponga quitar metraje de otras partes de la película.

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¿Tal vez haber visto más trama sobre estos tres y menos sobre aventuras secundarias accesorias?


El exceso de los recursos explicados en este artículo puede resultar en un producto de entretenimiento que sea muy divertido e hipnótico, pero poco profundo y empático.

Y nadie pide a Star Wars que le dé sentido a su vida, pero quien es fan de Star Wars sabe que estas películas, si son tan maravillosas, es porque ofrecen –además de entretenimiento de calidad– una historia fantástica con personajes con los que identificarse.

Aún así, nada puede hacer que la Fuerza se apague en nosotros, y aunque vemos en Los Últimos Jedi muchas cosas que nos convencen poco, seguiremos expectantes al desenlace de la trilogía.

Pero no todo es ira y sufrimiento, también hay luz y esperanza. También tenemos Siete razones para amar Los Últimos Jedi.

Que la Fuerza –también ahora– os acompañe….

 

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