Star Wars, Episodio VII: El Despertar de la Fuerza – Al rescate de viejas glorias

hace 2 años en Críticas, El despacho del Master por

Ya está. Ha sucedido.

Desconcierto, ira, entusiasmo, excitación, obnubilación y ganas, muchas ganas de volver a verla. Muchos son los sentimientos que se pelean, ahora mismo, en mis entrañas, cual dos figuras encapuchadas, una de negro y otra color arena, cada una sujetando un sable láser del color que corresponde.

Lo más complicado de todo ha sido hacer esta reseña sin revelar nada de nada. Espero que mis esfuerzos tengan su recompensa, y te aseguro, lector indeciso que no sabe si seguir o dejarlo aquí, que lo he conseguido. Así que siéntete tranquilo porque a continuación no encontrarás nada que destripe lo más mínimo Star Wars, Epsiodio VII: El Despertar de la Fuerza.

Desde un texto introductorio magistral, interesantísimo, pasando por batallas estelares cuyo mayor atractivo no está en las filigranas de los cazas sino en la excitación de quienes los pilotan, sin olvidar las referencias solemnes a la Fuerza, que vuelven a ser debidamente respetuosas, consiguiendo así devolverle aquel misticismo que hacía, en las primeras películas, que uno se tomase muy en serio lo de flirtear con el Lado Oscuro o considerarse Jedi sin conocer de verdad los entresijos de su interior. Todo ello está al servicio de una nueva generación de personajes que promete mucho viaje, muchas penurias y mucha historia que contar.

En El Despertar de la Fuerza, la línea de sucesos externa está a años luz de ser tan interesante como la línea narrativa interna de cada uno de los personajes.

Star Wars: The Force Awakens-cineyear-battle

La película corre el peligro de convertirse en un clon de la original Star Wars, dado el uso recurrente de elementos comunes que, sin embargo, no llega a ser abusiva. Contiene suficiente material propio como para diferenciarse de cualquiera de las demás entregas, si bien es verdad que tiene similitudes que recuerdan constantemente a secuencias clave de Una Nueva Esperanza, aunque el acabado final se asemeje mucho más al tono sombrío y derrotista de El Imperio Contraataca. No me tiembla el pulso al decir que algunos de esos elementos afines a las precuelas son innecesarios, y que entre ellos al menos uno constituye, simplemente, una manifestación explícita de la fórmula del “y ahora más”. Algo que puede servir para elevar el listón de la acción, pero que es totalmente prescindible en una película cuyos personajes y cuyo hilo argumental tienen ya de por sí la suficiente fuerza, sin necesitar de un despliegue de medios que justifiquen una secuencia efectista o una batalla final concreta.

Además, dado que el enfrentamiento de facciones que tiene lugar en la trama se desarrolla dentro de un conflicto mucho mayor, todo queda en una versión pequeña dentro de algo mucho más grande, de modo que la escala de lo épico queda un poco trastocada, y no queda del todo asegurado que la relevancia del hecho que ocurre, por más vasta que sea su envergadura, goce de igual relevancia para el conjunto del mundo en que se desarrolla todo.

Kylo Ren (Adam Driver)

Pero dejando a un lado esos recursos, el mapa general de Star Wars, Epsiodio VII: El Despertar de la Fuerza tiene la forma de un plano holográmico de una galaxia, pero una en la que los planetas son personajes y las rutas estelares son los hilos que las unen, como cuerdas de algún instrumento temblando a cada instante. Es un mapa de emociones, de aspiraciones y decepciones. De expectativas sobre los otros, de confianza, traición, rectificación y valentía.

Los cimientos argumentales sobre los que está construida son sólidos y completos, capaces de generar no sólo giros interesantes, sino que además producen como consecuencia un contenido emocional lo suficiente fuerte como para dotar a los personajes de todo un arsenal de motivaciones vibrantes, justificadas por un pasado sugerido, contado a medias, pero igualmente compacto. De este modo, resulta natural entender cómo y por qué sienten, piensan y padecen los personajes, cuán relevantes son los vínculos que los entrelazan y, según de quién estemos hablando, cómo los ata a un destino fatal o los libera de sus fantasmas.

Rey (Daisy Ridley)

Se construye así una red de relaciones que constituye todo el mundo Star Wars desde una nueva versión ya de antemano conflictiva, resentida y teñida con los colores del fracaso y la culpabilidad. Una sombra agridulce sólo contrarrestada con el humor puntual y el optimismo de algunos de sus personajes, siempre dispuestos a aligerar la tragedia pero sin hacer pedazos con ello la tensión del momento, con el peso de un escenario de fondo que deja poco espacio a la satisfacción, la comodidad o el triunfalismo.

Las viejas glorias de la galaxia necesitan ser restauradas. Las jóvenes promesas vibran en descontrol, poseídas por el entusiasmo, la rabia, el desaliento, la pasión desatada de quien quiere comerse el mundo. Los traumas de los errores, de las elecciones fallidas, del rencor heredado y del más absoluto desconcierto ante los caminos que la vida, o tal vez la Fuerza, les viene a poner delante. Todo ello está en cada uno de los protagonistas de la nueva generación, mientras la experiencia y la sabiduría han quedado desacreditadas, puestas en jaque, parcialmente cuestionadas. Todo un paisaje de enfrentamientos sobre el eje nuevo-viejo. En base al vínculo de cada cual con su legado, se forja un destino distinto, que tenderá al bien o al mal según la herencia a la que cada personaje haya elegido ser más fiel.

Asistimos así a una historia coral en que los sucesos arrastran a cada uno en direcciones diferentes. La línea causal que une todos los puntos, sin embargo, pudiera estar mejor resuelta.

Varias veces se interpone la sensación de que los eventos se suceden por medio de un deus ex machina muy oportuno, y un ritmo demasiado acelerado amenaza con producir una sensación de síntesis a la carrera, en que pareciera que, por momentos, lo que prima es pasar a lo siguiente y dejar atrás la escena anterior. Y eso se convierte en problema cuando algunos de los sucesos que acontecen en esta película necesitan, a la Fuerza, de mucho más reposo de lo que la misma se digna a ofrecer. Instantes en los que la intensidad emocional se alía con la sutileza magistral de la música y una buena dosis de nostalgia, invitando al cosquilleo y a la lágrima, encuentran a menudo poca cancha para la recreación. Algunos diálogos y secuencias suceden con excesiva velocidad, y muchos de los elementos comunes que vienen a ligar unas historias con otras no son sino casualidades muy bien colocadas, y aún si tuvieran explicación en posteriores entregas, resultan demasiado afortunadas como para ser del todo creíbles.

De cualquiera de las maneras, se trata sin duda de una película emotiva y emocionante. Es imposible que, como espectador, no te contagies de los gritos exaltados de los personajes en pleno vuelo a la desesperada; o que el vello se te erice cuando alguna referencia a la Trilogía Original, más o menos evidente, llene la pantalla con orgullo; o que sonrías como un enano ante los comentarios irónicos e icónicos en los momentos más inoportunos. Es imposible que no te indignes y te inundes de rabia con las injusticias que desfilan por la pantalla, en blanco sobre negro. Absolutamente imposible quedar indiferente antes las drásticas decisiones de alguno de los personajes, y no desear, siquiera por un instante, saltar a ser parte de todo ello, y dar rienda suelta a un torrente pasional como el que viven los protagonistas.

Podríamos hablar de miles de cosas más. De la fuerza de la figura femenina, ya presente en Star Wars pero reforzada en esta entrega; de la no tendencia a recargarlo todo con CGI anecdótico, generando así una imagen natural, realista y sobria, de por ejemplo algunos paisajes que nada tienen del habitual barroco digital a que se nos tiene acostumbrados.

Podríamos hablar de muchas cosas, pero haber llegado hasta aquí sin revelar absolutamente nada de la trama ha sido ya para mí una prueba de autocontrol importante. Antes de que me tiente el Lado Oscuro, voy a dejarlo aquí, acompañado por un “de momento”. Esto es sólo el principio. Habrá más.

Cuando hayas dejado por fin que la Fuerza despierte en ti y por fin estés preparado, habrá más.

Hasta entonces, saborea esa sensación de espera e incertidumbre, porque una vez las palabras amarillas desaparezcan a lo lejos, ya no vas a tener tregua para pararte y respirar. La Fuerza despertará, tomará las riendas, y así será hasta que, al final, aparezcan las letras azules sobre el lienzo del universo.

Mira, al final sí que ha habido spoiler, porque ya te he contado el final.

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