Somnia: Letargo cerebral y una ración de sustos gratis

hace 5 meses en Críticas por

Me encantaría saber cómo hablar de una película como Somnia sin ser demasiado explícito. Llevo un rato dándole vueltas y creo que en la contención está la clave; quizás la meditación o el yoga bien pudieran ayudar en esta empresa, aunque prefiero utilizar el eufemismo como si mi mundillo fuera la política. Somnia —o Dentro de tus sueños si lo prefieren— es simple y llanamente una obra de interés puramente teórico.

Está claro que el género de terror —popularmente ‘pelis de miedo’— tiene como principal fin el atrapar la atención del espectador a través de una historia donde se generen situaciones de tensión en las cuales la pulsación cardíaca suba de revoluciones alcanzado ese clímax emocional conocido como ‘susto’; lo extraordinario es cuando además de todo esto, podemos hablar de una gran trama que desemboque en un film notable.

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Amigos y amigas, esto ya es otro cantar. Somnia cumple en la parte de los sustos, aunque estos lleguen de manera burda y totalmente efectista —ya sabéis, silencio de más de diez segundos acompañado de ‘banda sonora de acojonar’, es probable que sea el preludio de un sustito—. Ahora bien, si nos vamos al argumento y al desarrollo de éste, probablemente acabemos en un océano de indiferencia, remando hacia algún lugar desconocido y hostil donde deberían acabar ciertos productores y guionistas.

Tampoco me tengáis por un conservador de las buenas costumbres y el buen cine de miedo. Ni me voy a poner en plan abuelo cebolleta a mentar las grandes obras, ni tampoco tengo problema en disfrutar de una película ligerita sea cual sea el género. Mi problema con Somnia a lo mejor tiene que ver más con llevarte esos sustos antes del mediodía —algo malo tiene que tener lo de los pases de prensa— y que todo lo demás sea bastante insulso. Ya que me acojono, ¡al menos salir del cine con ganas de recomendar la película!

Una peli de miedo como Somnia se toma licencias que cualquier espectador acepta. En este caso hay un niño —ese crío que fascina en Room— que tiene el don de que sus sueños —y pesadillas— se materialicen. Ahora os voy a dejar las piezas para que montéis el puzzle vosotros: niño huérfano, padres que pierden un hijo, adopción; niño que no quiere dormir, cosas raras cuando el niño duerme, ¡anda, mi hijo muerto!, un monstruo…

¿Lo tenéis? Ok, es probable que vuestras opciones argumentales estén por encima de la magnífica insulsez que resulta el metraje de Somnia. No te dan ganas de dormirte, tampoco es eso; además, a cada rato te llevas algún que otro susto de los de cagarse en todo que ayudan en esta cuestión. Digamos que despierta el interés necesario para olvidarla mientras te abrigas para salir al gélido ambiente del mes de enero. ¿Mi recomendación? Esperar el tiempo suficiente para que alguna cadena privada la programe en su parrilla y así al menos poder verla en batín.

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