Sólo el fin del mundo – Dolan, tú antes molabas

hace 4 meses en Críticas por

Decía Xavier Dolan que a través de su última película, Sólo el fin del mundo (estreno el 6 de enero de la mano de Avalon), quería madurar, ser adulto. Querido, si esto es crecer, no lo hagas nunca.

Este film familiar de corte dramático es un proyecto fallido. Para mí al menos, que tras haber seguido la estela de este creador, me generaba  grandes expectativas al contar con un reparto tan interesante y un director con cierta fama siendo tan joven (y además, por haber ganado el Gran Premio del Jurado en Cannes y el Premio del Jurado Joven del Festival de Cine Inédito de Mérida).

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Sólo el fin del mundo podría haber sido una bonita y sentida historia sobre la familia, la comunicación y el perdón, pero  torna en drama gratuito, pareciendo más bien una construcción bella de momentos que no terminan de casar. Pretenciosa, supuestamente profunda, se me antoja vacía, más forma que fondo; lo que no quita para entender sus premios en Cannes y Mérida (el primero, otorgado por quién es Dolan y el cast del film; el segundo por la temática). Basada en la homónima obra de teatro de Jean-Luc Lagarce, duele decir que huele mucho a adaptación, quizá por la cantidad de conversaciones grupales que suenan a texto, quizá porque el ritmo irregular, quizá porque no está escrita originalmente por Dolan.

Un protagonista silencioso (Gaspar Ulliel), con mucho mundo interior, un pasado doloroso y unos conflictos que le impiden comunicarse realmente con su familia, pero que no sirven para construir el supuesto autor de éxito que es (peinado como Dolan, pareciese una encarnación del mismo y sus demonios); una madre extremadamente almodovariana (Nathalie Baye) que es lo mejor del film, con su espíritu maternal, sus manías y lo gusto por lo extravagante en contraste con su día a día (de esos personajes femeninos fuertes que Dolan sabe llevar y que le animan la película); un hermano mayor acomplejado (Vincent Cassel), que sólo sabe comunicarse con dardos venenosos y al que le cuesta mantener el control (un personaje interesante en cuanto a la naturalidad del actor, a la historia con el protagonista y también como estudio de masculinidad mal gestionada); una cuñada sosa y “buenecita”(Marion Cotillard) , un intento de “ángel de la casa” pero que se construye sobre muchos silencios y miradas supuestamente “intensas” que deberían comunicar en extremo, y que rozan lo ridículo por lo poco sutil; una hermana menor asqueada de su vida (Léa Seydoux), con energía pero desencantada con el mundo, que nos regala una divertidísima y creíble escena de aerobic con su madre en la cocina.

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En resumen, Sólo el fin del mundo consta de unas interpretaciones más que correctas pero que destilan lo mucho que se gustan todos sus actores realizando un drama de supuesta trascendencia y fuerza (que se ve artificioso también por el trabajo de dirección), unido a una bella fotografía, ciertos momentos bien llevados a pesar del ritmo, y un clímax insuficiente.

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