REDENCIÓN – EL BOXEO, METÁFORA DE LA VIDA

hace 2 años en Críticas por

Con casi dos años de retraso respecto a su estreno en EEUU, llega a nuestras pantallas Redención (titulada Southpaw en inglés), película estadounidense dirigida por Antoine Fuqua (conocido por filmes como Training Day, The Shooter o The Equalizer). No la confundamos con la película británica homónima dirigida en 2013 por Steven Knight y protagonizada por Jason Statham, ni con la ópera prima del actor británico Paddy Considine.

 Redención es la historia Billy “El Grande” Hope (Jake Gyllenhaal), boxeador y campeón del mundo de los pesos semipesados que disfruta de una exitosa vida deportiva y personal junto a su mujer Maureen (Rachel McAdams) y a su hija preadolescente Leila (Oona Laurence). Sin embargo, un desgraciado incidente hace que todo cambie y que Billy acabe solo y arruinado, con su manager Jordan Mains (50 Cent) trabajando para su mayor adversario, Miguel “Magic” Escobar (Miguel Gómez), y con su hija internada en un hogar de acogida bajo la supervisión de Angela Rivera (Naomie Harris).

Es entonces cuando Billy desciende a los infiernos y tiene que luchar por salir adelante con la ayuda de Titus “Tick” Wills (Forest Whitaker), dueño de un gimnasio en Harlem, donde trata de proteger a chicos marginados.

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La película utiliza el boxeo como trasfondo para mostrarnos un drama personal y familiar, que entronca directamente con un tema tan manido y tan del gusto del público americano como es el éxito y el fracaso y la necesidad de levantarse ante los reveses de la vida.

Es cierto que cualquier película sobre boxeo corre el riesgo de ser comparada con clásicos modernos como Rocky o Toro Salvaje y caer en los tópicos que habitan en el subconsciente colectivo, gracias esencialmente a esas películas. Sin embargo, Fuqua (apoyándose en el guion de Kurt Sutter) consigue integrar perfectamente el boxeo, un deporte que apela a lo más primitivo del ser humano y a la necesidad de superar los golpes y seguir peleando, con el drama de Billy Hope, sin caer en una épica inverosímil y sin dejar que el ritmo decaiga, aunque sí excediendo los límites del dramatismo en algunas ocasiones.

La película está cargada de un simbolismo que gira en torno a la idea de afrontar la vida, levantarse y luchar por hacer lo correcto, como demuestra el propio apellido del protagonista –hope (esperanza en inglés)–, que anhela redimirse pase lo que pase. Por su parte, el título en inglés (Southpaw, palabra que se utiliza en el argot pugilístico para denominar a los boxeadores zurdos) parece evocar veladamente la necesidad de volver al camino recto, del que precisamente se aparta el zurdo Hope. También las caídas y levantadas en el cuadrilátero, la empinada escalera de acceso al gimnasio de Wills, las imágenes de Nueva York o las escenas rodadas en el hogar de acogida en el que está Leila, contribuyen a crear esa idea de lucha y superación.

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Y por encima de todo el conjunto destaca la interpretación de Gyllenhaal, muy bien secundado por el oscarizado y siempre solvente Forest Whitaker. Es patente la preparación física y mental de Gyllenhaal, que llegó a hacer dos mil abdominales diarias en maratonianas sesiones de entrenamiento en las que estuvo apoyado por el propio Fuqua. Y ello tiene más mérito si tenemos en cuenta que, según afirma Gyllenhaal, “no sabía nada de boxeo” cuando empezó el proyecto.

Sin embargo, es una lástima el escaso reconocimiento que dicha interpretación ha tenido, ya que el protagonista únicamente consiguió una nominación residual a mejor actor extranjero en los premios Júpiter (los Goya alemanes), lo cual es casi mejor obviar. En mi opinión, Gyllenhaal es uno de los actores americanos de primera línea más infravalorados, que hasta la fecha únicamente ha conseguido una nominación al Oscar a mejor actor secundario por Brokeback Mountain, a pesar de haber realizado interpretaciones notables en películas como Prisioneros, Nightcrawler, Animales Nocturnos o en la propia Redención.

Otro aspecto a destacar de la película es la veracidad y dinamismo que transmiten las escenas de boxeo, y el ambiente realista basado en las grandes veladas organizadas en Las Vegas y televisadas por la HBO. Incluso llega a aparecer en la película Jim Lampley, uno de los más famosos comentaristas en el mundo del boxeo.

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Por último, hay que hacer mención a la banda sonora, cuya parte instrumental fue uno de los últimos trabajos del difunto compositor James Horner (autor de bandas sonoras tan conocidas como las de Titanic –por la que recibió el Oscar en 1997– Tiempos de Gloria, Braveheart, Leyendas de Pasión, Una Mente Maravillosa o Avatar) y a quien está dedicada la película. Destacan también las canciones de Eminem, en quien se pensó originalmente para interpretar el papel de Billy Hope, inspirado, según el guionista Kurt Sutter, en alguna de las luchas personales del rapero. Eminem canta junto a Gwen Stefani el tema central de la película (Kings Never Die), cuyo estribillo condensa muy bien el espíritu de la película y el misticismo que rodea a las grandes estrellas del boxeo de todos los tiempos:

“Estoy aquí para quedarme

Incluso cuando me vaya

Cuando cierro mis ojos

A través del paso del tiempo

Los reyes nunca mueren”

En definitiva, Redención es una película interesante e intensa que no debería pasar desapercibida para aquellos que quieran sumergirse en una historia de superación personal y familiar que ahonda en la esencia de la vida y en la metáfora de la misma que supone el boxeo.

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