Paterson – Jim Jarmusch y la catarsis invisible

hace 4 meses en Críticas por

¿Cuál es la magia que se esconde tras una película que nos conmueve? Quizás sea una pregunta con multitud de respuestas posibles. Normalmente, la trama debe poseer ese ‘algo’ para que, a través de sus personajes, sea capaz de emocionarnos. Paterson lo consigue, y lo hace de una manera tan pura y exenta de artificios que es difícil buscar un símil en la historia reciente del séptimo arte.

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Para empezar, la película que nos plantea Jim Jarmusch se basa en la vida cotidiana de un conductor de autobuses que se despierta cada mañana con su mujer al lado para cumplir con su jornada laboral, llegar a casa, pasear al perro, conversar con su esposa… Paterson, que así se llama el personaje interpretado por Adam Driver —y también la ciudad por la que conduce su autobús—, posee características que despiertan el interés del espectador: es una persona reservada con dificultades para expresar sus sentimientos y emociones que sin embargo, tiene una gran vida interior a la que da rienda suelta a través de poemas que escribe y no muestra ni siquiera a su mujer.

A partir de esta normalidad incluso inquietante, Jarmusch, que no es ningún novato, es capaz de desplegar toda su sabiduría cinematográfica ahondando en las pequeñas cosas del día a día para dar color a un relato que atrapa al espectador, quien hacia la mitad del metraje puede sentirse un juguete en manos del director, sabedor de lo que el público anhela en una película.

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Sin embargo, el protagonista sigue recorriendo las calles de Paterson, viviendo su vida llena de rutinas y costumbres, despertando sentimientos y emociones gracias a la sutileza de Jarmusch para profundizar en su personaje sin recurrir a ningún tipo de efecto ni giro excepcional. Dicha sencillez es tan firme que buena parte del interés que genera es la espera que genera; espera por ese momento dramático por el que nacen la mayoría de las historias.

Al salir del cine, he oído algunos pequeños comentarios de la gente docta que acude a las salas por la mañana, como por ejemplo «al final no iba de nada». Puede que así sea, que Paterson no vaya de nada, que no exista la catarsis que el público busca inconscientemente cuando ve una película; aunque a lo mejor esa ‘nada’ si que esconde más de lo que pueda parecer en un primer momento. ¿De dónde viene la belleza de un poema, del encadenamiento de ciertas palabras o de los sentimientos que nos despierta?

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