Orfeo negro: El mito hecho samba

hace 3 años en Música de cine por

No son pocas las películas a lo largo de la historia del cine que, con el paso del tiempo, se han convertido no solo en clásicos del séptimo arte, sino que además constituyen documentos de gran valía por captar ciertos lugares y épocas en un momento concreto para la posteridad. Podría soltar una lista enorme, pero por poner un ejemplo cualquiera ahí está ‘El verdugo’ de Berlanga, donde podemos ver el aspecto que tenía Palma de Mallorca en aquellos primitivos años del turismo en la isla. Dentro de este tipo de obras, las hay que destacan por este aspecto, siendo una ventana al pasado cargado de gran romanticismo. Es el caso de ‘Orfeo negro‘, en la que hay un plus mayúsculo: su música.

 

Para poner en situación, ‘Orfeo negro‘ es una película francesa de 1959 rodada íntegramente en Río de Janeiro que fue galardonada con la Palma de Oro y el Oscar a mejor película de habla no inglesa. Pese a ello, no es un film excesivamente conocido y gran parte de su fama viene por dos nombres propios: Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes. Aún así, habrá a quien todo le siga sonando a chino, pero estoy seguro de que esto despejará alguna duda. Ambos fueron responsables de ésta y otras muchas canciones de un nuevo género musical que surgió de sus cabezas: la Bossa Nova.

Orfeo negro‘ nos transporta al carnaval de Río de Janeiro para reinterpretar el antiguo mito griego de Orfeo y Eurídice a ritmo de samba, donde el amor y la tragedia cobran doble sentido gracias a la adaptación de Vinicius de Moraes y la música de Tom Jobim y Luis Bonfá, solo unos años antes de que los dos se convirtieran en mitos vivientes de la música brasileña y mundial. Aunque la historia y las interpretaciones quizás sean excesivamente teatralizadas por momentos, el conjunto general de la película consigue hacer llegar esa visión mitológica del carnaval de una manera única en la historia.

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Por todo ello, ‘Orfeo negro‘ es una historia de amor más, con un desarrollo y desenlace clásicos que, sin embargo, es capaz de transportarnos a un lugar que ya solo puede ser mitológico, que ya no existe ni existirá y quizás nunca existió; ese lugar donde el Cristo de Corcovado se alza en lo alto y la samba resuena desde las favelas descendiendo por los acantilados hasta llegar a esas playas que siempre tendrán el sonido de la música de Tom Jobim y Luis Bonfá.

 

 

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