El nacimiento de una nación – Un Dios de ira

hace 9 meses en Críticas por

Entre bastantes sombras se estrena este 17 de febrero El nacimiento de una nación de Nate Parker (productor, director, guionista y actor), la película de corte independiente que triunfó en Sundance 2016 y que Fox Searchlight decidió bendecir con una distribución internacional. Escándalos sexuales aparte (aunque no de menos, aquí puedes leer más), hablemos de este film que comparte nombre con el de D.W. Griffith, no como algo casual, sino como paralelismo completamente inverso, (bautizado así por Parker como justicia poética).

Nate Parker como Nat Turner, llevando a los esclavos a la rebelión

Nate Parker como Nat Turner, guiando a los esclavos a la rebelión.

Si el film de Griffith se tildó de racista en los comienzos del cine, la película de Parker tiene una voluntad completamente distinta: la de dar voz a la historia de uno de esos esclavos maltratados y defenestrados (Nat Turner) que decidió luchar como pudo contra una dictadura de sumisión que se prolongó dos siglos, y que, sin duda, concibió en gran parte la nación que es ahora América: raíces de sangre, fuego, violencia, muerte, miedo, racismo y clasismo.

Es interesante cómo El nacimiento de una nación muestra la Biblia: sus mensajes pueden interpretarse a gusto de cada beneficiario. Así, en principio, la comunidad blanca utiliza al esclavo predicador  (Turner) para sermonear a otros como él sobre someterse y sufrir (para ganarte el cielo en otra vida mientras en esta pasas calamidades y enriqueces a tu amo). Pero el mensaje puede ser reinterpretado por el mensajero, quien fue testigo de grandes calamidades (el film utiliza alguna muy gráfica) entre su comunidad al ir de casa en casa predicando lo que los señores querían para mantener a los esclavos en el redil. Así, las palabras de Turner (criado como esclavo pero cultivado en las letras y en guiar mediante la palabra del señor) tornaron en odio y sed de venganza: el Dios del amor se convierte en el de la ira y forja mártires que remueven conciencias, unidas para luchar contra la injusticia impuesta. Un mensaje que observamos en pleno siglo XXI en la rivalidad Occidente-Oriente sin irnos más lejos.

Nat Turner en una de sus visiones.

Nat Turner en una de sus visiones.

El film, que dura dos horas, tarda en arrancar, y para cuando lo ha hecho, el desenlace deja con sabor a poco. Sientes que Parker pasa por encima para poder llegar a contar sólo un capítulo de la historia de este predicador iluminado que se rebeló contra sus señores años antes de la Guerra de Secesión. Remarcar que no resulta muy positivo para el film que el papel de las mujeres sea más que secundario (madres, abuelas, esposas), sólo para cuidar al protagonista, servirle de contrapunto romántico, o ser un objeto masacrado por el varón como giro dramático.

Si bien el final de El nacimiento de una nación es muy emotivo, épico y removedor de conciencias (la música y un final dramático bien dirigido ayudan mucho), esto se consigue sólo en ciertos puntos del film, incluida la resolución. No le quitaremos méritos, pero para tratar la lucha racial el nombre le queda un poco grande.

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