Una Verdad Muy Incómoda: Ahora o Nunca – El Bien y el Mal de Al Gore

hace 1 mes en Críticas, Eventos por

Nuestra colaboradora puntual y analista de sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa, Agnieszka Szczawik, estuvo en la presentación oficial de Una Verdad Muy Incómoda: Ahora o Nunca con el fotógrafo David Dorda. Nos cuenta cómo fue y qué podemos esperar del documental.


El martes 3 de octubre tuvo lugar la premiere de Una Verdad Muy Incómoda: Ahora o Nunca, la secuela del documental galardonado con dos Óscars del ex vicepresidente de los EE.UU., Al Gore. La gala, organizada por Ecoembes y Paramount, se celebró en el madrileño cine Capitol y contó con la presencia de muchas personalidades del mundo de la televisión, tales como Jordi Rebellón, Will Shephard, Roberto Brasero o Mónica López, y del medioambiente, como el viceconsejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Pablo Altozano, la subdirectora general de residuos en el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Paloma López-Izquierdo, los representantes de diferentes organizaciones medioambientales y los diputados de Equo.

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Once años después de haber causado un gran impacto social con el documental Una Verdad Muy Incómoda, Al Gore pone al día su discurso y ofrece una actualización sobre los progresos (o más bien la falta de ellos) que se han hecho en materia de cambio climático durante estos años. Le acompañamos en sus numerosas conferencias, asistimos con él a la cumbre de París y observamos cómo puede cambiar el panorama mundial después de la aparición de una nueva figura política en el firmamento: Donald Trump.
El documental de 2006 se hizo viral, fue impactante, novedoso y, a la vez, terrorífico. En el contexto de aquel entonces ofrecía una nueva perspectiva y convertía la problemática del cambio climático en algo accesible y tangible para el ciudadano medio, concienciaba y hacía darnos cuenta del impacto que tenemos en el planeta. El objetivo era claro: transmitir un mensaje de necesidad de cambio inmediato para crear un mundo mejor.

Sin embargo, en esta ocasión, ¿cuál es la sensación con la que salimos del cine?

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Agnieszka, antes de reciclar la botella que sostiene

No cabe duda de que el cambio climático no está recibiendo la atención mediática que se merece y cuanto más se hable del tema, mejor. Por tanto, el caché de Al Gore y el éxito del documental de 2006 harán que mucha gente se acerque al cine para ver el nuevo trabajo de los directores Bonni Cohen y Jon Shenk.

Está bien salvar el futuro de la humanidad. Está mal contaminar el planeta y destruir el equilibrio climático.

Y merece la pena que lo hagan, aunque más que dar a conocer las razones del cambio climático es una confirmación de las predicciones de Al Gore y una llamada a sumar voces a su cruzada. Por otra parte, es difícil reproducir el mismo efecto carismático, si se sigue el mismo patrón que hace once años: mismos gráficos y discurso semejante.

No obstante, el enfoque de salvador del mundo y la poca innovación del documental de Al Gore no le quitan la razón. En su discurso el bien y el mal están claramente definidos.

 

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Photocall de la premiere

El movimiento del cambio climático es como cualquier otro movimiento del progreso que ha hecho avanzar la historia: al principio parecía sorprendente pero ahora no podemos concebir el mundo de otra forma. Eso mismo pasó con la lucha por los derechos de la mujer, la abolición de la esclavitud, los derechos civiles de los ciudadanos negros, etc. En cuanto al aspecto político y la disponibilidad de la información, Al Gore evidencia que para combatir la crisis del medio ambiente es necesario combatir a la vez la crisis democrática, ya que las empresas y algunos gobiernos sabotean la capacidad de la humanidad para responder ante la amenaza medioambiental. Utilizando el caso de Siria como ejemplo, se ha tratado un argumento muy interesante que es la relación entre el cambio climático y la paz mundial.

 

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El Capitol, en plena Gran Vía

En definitiva, el documental cumple con su objetivo divulgativo, que es el de despertar conciencias e informar sobre un problema que nos concierne a todos. Sin embargo, cuando se realiza una secuela de una obra magnífica, las expectativas son muy altas y es difícil no defraudarlas.

¿Qué es lo que nos queda? Esperar que al menos haya un antes y un después, un revuelo social, quizá una respuesta política o una reacción por parte de las empresas con mayor impacto medioambiental.

Parafraseando al presentador del evento Juan Luis Cano, el hecho de que lo premie Greenpeace no es nada extraordinario; tendría mérito si lo premiase BP o Repsol. Todo está todavía por ver y el documental sin duda constituye un paso más hacia una mayor conciencia social y un mundo mejor, que tenemos que empezar a crear.

Ahora o nunca.

 

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