Les amours imaginaires – Momentos de música y estética

hace 3 semanas en Minutos de cine por

Si por algo se caracteriza Xavier Dolan es por el espectacular uso que hace de la imagen y de la música. Su segunda película, Les amours imaginaires (2010), es un vivo ejemplo de esto.

Es una historia contada a través de la imaginación de sus dos protagonistas, Francis Marie, y para poder transmitir los pensamientos y las emociones de estos personajes sin que ellos tengan que decir palabra, la película se vale de pequeños “videoclips” que hablan por sí solos. Aquí, vamos a rescatar unos pocos de estos momentos para comentarlos:

“Le temps est bon, le ciel est bleu. J’ai deux amis qui sont aussi mes amoureux”. Con esta frase comienza la canción que acompaña a esta escena. Francis y Marie acaban de conocer Nicolas. Se están enamorando de él, y eso es lo que se nos cuenta. Las gafas con forma de corazón, la sonrisa perfecta, el modo de acercarse a saludar, la caída del pelo… todo está en su sitio de forma impecable. Estamos viendo a Nicolas de la misma forma en que ellos le ven.

Esto es lo que se consigue con esta escena: que nosotros también nos enamoremos. Todo se nos presenta perfecto, hermoso y alegre. Pero no dura para siempre…

Empieza la competición, empiezan los rencores, empiezan las envidias. El contraste con la escena anterior es brutal. El cambio musical aquí es drástico, los acordes se presentan más dramáticos y tensos, así como la letra: “Bang, bang, io sparo a te. Bang, bang, tu spari a me”.

Francis y Marie se disparan hasta ver quién aguanta más.

Toda la naturalidad que vemos anteriormente se ve arrollada por la búsqueda de la perfección absoluta, cuando vemos a los dos protagonistas prepararse en sus casas. Nicolas los espera sentado, ya no se levanta a saludar, ha lanzado el anzuelo y está esperando al pez más rápido. Francis llega haciendo el signo de la victoria, pero pronto Marie le arrebata el podio…

La tensión en el lavabo, en el camino hacia la cafetería, las sonrisas falsas, la indiferencia de Nicolas… todo está en el aire, y pesa.

Pasamos a la que quizás sea la escena más emblemática de esta película.

Francis y Marie, aliados de nuevo en el odio. ¿El odio hacia quién? Hacia Desirée, la madre de Nicolas. Celosos de “ese androide” porque tiene acceso a él, lo único que ellos no poseen. Lo que les queda es fantasear, y entonces, nosotros empezamos a fantasear también: en una secuencia llena de primeros planos a cámara lenta, cortados por una luz azul y una pantalla en negro, empezamos a ver de nuevo lo que nuestros dos protagonistas están viendo.

El reflejo de los flashes en las caras de los dos nos muestra el trance de idolatración por el que están pasando. Marie, mientras observa cómo baila Nicolas, fantasea con el David de Miguel Ángel y otras esculturas de medidas perfectas. Francis también observa y piensa en dibujos eróticos. El conjunto de esta escena en general consigue que de nuevo sintamos lo que nuestros protagonistas están sintiendo.

Más adelante, la fiesta ha terminado y aparecen Francis, Marie y Nicolas en la cama. Pero antes, vemos un pequeño plano de un cuadro. No un cuadro cualquiera: es una mujer gritando. Aquí, vemos de nuevo reflejados los sentimientos de ambos personajes: la impotencia y la desesperación se apodera de ellos, pero en la superficie lo único que se percibe es la calma de la mañana después de una fiesta.

En la última escena de la película vemos a los dos protagonistas unidos de nuevo por el odio: esta vez hacia Nicolas. Y ya no se nos presenta a un Nicolas de pelo perfecto, sino más bien sucio, ni de ropa luminosa y jovial, sino más bien oscura y con poca vida: de nuevo vemos lo que Francis y Marie están viendo.

En definitiva, en esta película, los amores se cuentan tal y como son: imaginarios.

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