EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA – INMIGRACIÓN Y HUMOR ABSURDO

hace 3 semanas en Críticas por

El respetado director finlandés Aki Kaurismäki estrena en España El otro lado de la esperanza, película por la que obtuvo el Oso de Plata al Mejor Director en la última edición del Festival de Berlín celebrada el pasado mes de febrero y que también estuvo nominada al Oso de Oro a la Mejor Película. Kaurismäki posee una dilatada trayectoria cinematográfica en la se que incluyen títulos como El hombre sin pasado (2002), que fue candidata al Óscar a la Mejor Película Extranjera en 2002, Luces al atardecer (2006) o Leningrad Cowboys Go America (1989).

El otro lado de la esperanza, que también ha sido escrita y producida por Kaurismäki, es la segunda entrega de su trilogía portuaria-migratoria iniciada con La Havre (2011) y gira entorno a Khaled (Sherwan Haji), un inmigrante sirio que busca asilo político en Finlandia, tras llegar escondido en un carguero que transporta carbón; y a Wikström (Sakari Kuosmanen), un maduro comercial que deja su trabajo para montar un triste restaurante en el que dará trabajo a Khaled.

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Hay esperanza lejos de la guerra…

Como todo director de culto que se precie, Kaurismäki crea su propio universo, con una estética inconfundible marcada por el anacronismo, a pesar de que la historia se desarrolla en la actualidad. De hecho, en ocasiones tenemos la sensación de ser transportados a la Alemania del Este que Alexander Kerner (Daniel Brühl) trataba de recrear en la aclamada Good Bye, Lenin! –dirigida en 2003 por Wolfgang Becker–, para no asustar a su madre tras despertar del coma.

En El otro lado de la esperanza, Kaurismäki aprovecha este trasfondo decadente en medio de la opulencia de un país rico para criticar a un sistema que no puede resolver el problema de la inmigración y que, como es lógico, no puede dar cobijo a todo el mundo. Un sistema que es tan injusto como la propia vida y que nos demuestra que nacer en un sitio o en otro marca toda nuestra existencia de forma dramática.

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En busca de una oportunidad

El universo kaurismäkiano es un universo de perdedores, por los que toma partido el director, que se rebelan contra el statu quo de forma tranquila e intentan avanzar consiguiendo pírricas victorias, a pesar de que saben que seguirán sumidos en la mediocridad.

Es un cine maniqueo de buenos y malos, con pocos grises, en el que los malos (normalmente quienes ostentan la autoridad) son retratados de forma inhumana y ridiculizados mediante interpretaciones terribles y mecánicas que criticaríamos despiadadamente en cualquier otra película, mientras que los buenos son muy buenos y merecen todo el respeto por ser desfavorecidos en un mundo que a veces resulta cruel.

También es un cine de miradas intensas, aunque muchas veces inexpresivas, y de planos fijos detalle, en el que el alcohol y el tabaco están siempre presentes, especialmente este último, ya que se fuma en sitios como restaurantes, comisarías de policía u otros edificios públicos, lo cual nos parece inconcebible hoy en día y contribuye también a mostrar esa rebelión contra el sistema.

Otro elemento clave del cine de Kaurismäki es el humor absurdo, irónico y surrealista. Esto se ve especialmente potenciado en El otro lado de la esperanza, que por momentos nos recuerda a clásicos como Aterriza como puedas o Top Secret, con escenas que habría podido protagonizar el mismísimo Leslie Nielsen, y que ayudan a dulcificar de alguna manera un drama tan intenso como el de la inmigración y los refugiados.

 

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El humor absurdo es clave en el cine de Kaurismäki

 

Y todo imbuido por una atmósfera musical marcada por canciones melancólicas tocadas en la calle o en lugares deprimentes y en las que las lánguidas guitarras eléctricas nos llegan a provocar una cierta tristeza. Pero, a pesar de todo, siempre queda un halo de esperanza final.

Reconozco que Kaurismäki nunca será mi primera elección en la cartelera y que su cine requiere una mente abierta y alejada de convencionalismos para poder analizarlo, e incluso disfrutarlo. Pero también es cierto que conviene desintoxicarse de vez en cuando con este tipo de películas que se salen de lo habitual y nos acercan a un cine más personal e íntimo que invita a la reflexión profunda, aunque sin dejar de lado la sonrisa.

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