La Verdad: Cuando encestan los actores

hace 7 meses en Desvarios cinéfilos por

En el año 2008 por estas mismas fechas se disputaba la fase final de los Playoff de la NBA, el campeonato de Baloncesto de Estados Unidos. Los dos equipos que competían por el título eran los Boston Celtics y Los Angeles Lakers, es decir, los dos rivales históricos de esa liga, los equipos con más trofeos, rivalidad elevada a la enésima potencia, un Madrid-Barsa en toda regla.

Los Celtics contaban ese año con su Big Three: tres jugadores de leyenda reunidos en el equipo con el objetivo de frenar a Kobe Bryant y sus amigos. La punta de lanza del Big Three era Paul Pierce, jugador emblemático del equipo, quien llevaba allí toda su vida profesional y a quien habían bautizado con el ampuloso apodo de “The Truth” (“La Verdad”), sí, sí, por aquellos años les daba por llamar a los jugadores cosas trascendentales como “The Chosen” (El Elegido) “The Answer” (La Respuesta) y otras peores.

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Paul Pierce, en los ‘Celtics’

Pues bien, puestas así las cosas, los Lakers viajaron a Boston para jugar el tercer partido de la serie de siete en casa de su archienemigo. Y algo inusual sucedió cuando los dos equipos hacían la rueda de calentamiento previa al partido en una cancha atestada de encendidos bostonianos. De pronto, las luces del Boston Garden se atenúan, y comienza a escucharse una voz atronando por todo el pabellón que gritaba: “You can’t handle the truth!”. Los ojos se dirigen hacia arriba, al videomarcador gigante que preside el centro del recinto y desde allí, la mirada furiosa del Coronel Nathan R. Jessup, encarnado por Jack Nicholson, el tito Jack, el fan número uno de los Lakers (con asientos permanentes a pie de pista en Inglewood desde hace más de 30 años), aparece mirando a cámara en primer plano y recriminando a sus propios jugadores: “Decís que queréis la verdad, pero ¡no podéis soportar la VERDAD!”.

Eso sí que es Show Time* en estado puro. Paradoja maravillosa. Chapeau!

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Jack Nicholson en ‘Algunos hombres buenos’

*Show Time es como se conoce la forma característica de jugar de los Lakers desde que a mediados de los ochenta impusieron un estilo alegre y rápido, dirigidos por el mítico Earving “Magic” Johnson, frente a la sobriedad del juego más tradicional de los de Boston.

 

 

Estaban proyectando la escena del juicio de Algunos Hombres Buenos (A Few Good Men, 1992) donde Nicholson habla de la verdad, lo cual no deja de ser curioso también, ya que esta escena y esta interpretación de Jack Nicholson, es uno de esos momentos maravillosos en los que el cine muestra la verdad rotunda y absoluta en una pantalla.

Muchas veces vemos una película y a la hora de valorarla nos quedamos en el argumento que tiene, en la historia que nos cuenta, en los efectos especiales, la ambientación, los planos, la fotografía, el montaje, la música, o hasta si los actores dan los perfiles de los personajes, pero nos olvidamos de La Interpretación. A veces, basta con que no desentonen mucho para que levantemos la mano y la demos por buena. No importa demasiado cómo actúen siempre que no sean tan nefastos que consigan sacarnos de la historia.

Puede que se deba en parte a la costumbre de muchos de nosotros de ver películas dobladas, lo que yo defiendo como opción, pero que te lleva a no valorar una interpretación en origen. O quizás asumimos que las interpretaciones de gran calidad solo son exigibles en el teatro, cuna de grandes actores, y que el cine cuenta con otros elementos de más valor que le hacen un medio diferente.

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Michael Keaton en ‘Birdman’

Pero cuando nos encontramos frente a escenas como la citada, y con actores como éste, es cuando nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo algo si aceptamos una película sin exigir lo mejor en la interpretación. A mí no me vale con que el chico encaje en el perfil de hombre seguro y guapo, la chica esté buena y parezca resuelta, el malo tenga cara de cabrón con pintas y el amigo se note que es simpaticote y buena gente a primera vista. Quiero actores que, parezcan lo que parezcan, sean reales cuando interpreten. Me da igual si son conocidos o no, me da igual si encajan en un estereotipo o son totalmente extraterrestres, lo que quiero es que cuando me cuenten una historia desde la pantalla, me hipnoticen, porque no me sea posible dudar de que están siendo totalmente honestos y sinceros.

Ya lo sé. Lo que estoy pidiendo es una utopía. Lo que digo está muy bien, pero es irrealizable. La industria, los directores de casting, los productores… todo juega en contra, todos apuestan sobre seguro y nosotros compramos (yo el primero). Pero es que cuando veo a alguien en pantalla que me convence absolutamente, no puedo evitar pensar que soy tonto cuando me privo de algo así.

Antes dije que existe una creencia generalizada de que los grandes actores se encuentran en el teatro, cuando realmente eso debe ser falso. El cine facilita otros medios para la interpretación. El plano corto permite ver unos ojos a tamaño gigante, donde un primer plano no deja que una mirada esconda nada (sólo hace falta observar los ojos de Morgan Freeman en Million Dollar Baby, por ejemplo).

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Morgan Freeman en ‘Million Dollar Baby’

Por todo eso quería pedir hoy desde este rinconcito de Cineyear, que no nos lo oculten. El cine nos encanta porque cuenta con muchos medios, es un compendio de todas las artes, la literatura, la pintura, la música, la poesía, la fotografía… pero también la interpretación.

Por eso os pido que, aunque parezca utópico, exijamos la verdad en las películas. Porque nos pertenece, porque cuando la vemos no podemos sustraernos a su encanto y nos hace recordar que ese estremecimiento que nos recorre, es parte de la razón por la que todos amamos el cine.

Y desde luego y sobre todo, porque a diferencia de los seguidores de los Lakers, nosotros sí que podemos soportar la verdad.

 

PD: Los Celtics de Boston ganaron ese partido, y acabaron proclamándose campeones del 2008, consiguiendo su título número 17, frente a los 14 que tenían entonces los Lakers.

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