La novia: A chili pu, a pu, a pu

hace 4 años en Críticas por

Qué difícil… de verdad, me resulta muy complicado comenzar a hablar de ‘La novia’. Supongo que está bien empezar diciendo que se basa en ‘Bodas de sangre’ de Federico García Lorca, y que, siempre que se adapta una obra teatral más si es de renombre como la del genial escritor granadino, se sabe que existen ciertos riesgos. Por ello, siempre es de valientes atreverse con este tipo de textos, cuyo calado en la historia de las letras y las tablas teatrales no necesita ningún tipo de adorno que lo justifique.

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Y esto es todo lo bueno que tengo que decir de ‘La novia‘. No soy de esos que critican el cine español por sistema, pero lo de este caso me ha parecido una auténtica tragedia desde los primeros compases: se mascaba el drama a través de esa estética que luego ha sido una constante estilo ‘anuncio semana de oro de las rebajas de unos grandes almacenes’. Y es que Paula Ortiz, directora de la película, ha querido hacer suya la obra de Lorca y a fe que lo ha conseguido. Por supuesto, no critico el querer reintrepetar el texto original, lo cual puede ser perfectamente válido y satisfactorio cinematográficamente hablando. Simplemente no, estos ciento y pico minutos son un ‘quiero ser trascendental y molar’.

Y claro, como es Lorca tiene que haber drama; y esto da pie a unas interpretaciones ultramelodramáticas y quejumbrosas que sí, bien pudieran tener calado, pero ¿cuál es la realidad? La pura realidad del filme es que la falta de talento se suple por efectismos musicales un tanto grandilocuentes —hasta suena alguna guitarra eléctrica en una adaptación [Oh my god!] de ‘Take this Waltz’ de Leonard Cohen—, o por unos pasajes —pongamos aquí ‘líricos’— que no se sabe muy bien que cuestión, a parte del puro relleno de nadería poética, pretenden abordar.

Está muy bien lo de querer ser poético con las imágenes: en mi humilde opinión, es de juzgado de guardia pretenderlo a base de efectismos dignos de un videoclip de Madonna; encima, tratándose de uno de los más grandes poetas que nos ha dado nuestra literatura. En definitiva, una obra que no aporta nada ni hace ningún hincapié en los grandes temas que subyacen en el texto original, convirtiéndose en una película que si no fuera por algunos desnuditos y un par de escenas subiditas, bien podría ocupar la parrilla horaria de algún domingo por la tarde. Por desgracia, quedará relegada a la franja nocturna; o quizás, con un poco de suerte, arrase en los premios Goya y se convierta en un nuevo clásico de nuestro último cine. Todo es posible ¡Viva España! y ¡Viva el Fary!

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