La Clase de Esgrima – Estocada en la patata

hace 3 años en Críticas por

No siempre resulta fácil enfrentarse a una de esas películas nórdicas protagonizadas por un personaje que se pasea bajo la nieve abrumado por la tragedia existencial. Las miradas de tristeza omnisciente, la austeridad en las expresiones (exagerada para nosotros, los sureños) y la sensación de que cada pequeño paso emocional esconde todo un mundo de gravedad son parte de la esencia de La Clase de Esgrima. Todo eso no puede disfrutarse en sintonía si no se entiende primero que, tanto a ojos del niño como a ojos de quien vive en una burbuja de opresión, cada minúsculo avance, cada pequeño giro, trae consigo toda una ola de relevancia, de grandes expectativas.

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Si bien es verdad que en ocasiones puede resultar forzada la puesta en escena, excesiva en su corrección, o la impostura del drama, aún cuando está justificada, no es menos cierto que en la Estonia post-II Guerra Mundial, ocupada por la Unión Soviética y asfixiada por la rigidez del autoritarismo de Stalin, el clima no debía de ser muy diferente.

Y es que La Clase de Esgrima cuenta una historia real: la de Endel Nelis, un campeón de esgrima estonio que, pasada la guerra, deja Leningrado para refugiarse en un pueblecito de su país natal, huyendo de un pasado que lo convierte en un enemigo del pueblo, un disidente. Lo que viene siendo carne de cheka. Desde allí, cegadas sus aspiraciones y encadenadas sus glorias pasadas, decidirá invertir su tiempo, su esfuerzo y lo que le queda de energía en enseñar a un grupo de niños el deporte que lo fue todo para él.

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Su director, , es uno de los realizadores finlandeses más prolíficos, con grandes éxitos tanto en Finlandia como en Suecia, numerosos premios en festivales internacionales, cuatro selecciones para representar a su país en los Óscar y galardonado con el premio Ingmar Bergman, la estatuilla dorada sueca. Con ésta, su quinta película, nos ofrece una obra correcta y equilibrada, que a menudo que avanza va despertando un tímido interés que discretamente se apodera de nuestra paciencia y sustituye a una probable desidia inicial ante la previsibilidad de algunas escenas y la tendencia al estereotipo, tanto de personajes como de contextos.

En La Clase de Esgrima encontrarás una historia convencional de superación: la batalla entre el miedo y la generosidad, entre ceder al abandono de lo que da sentido a lo que uno hace o arriesgarse para ganar lo mucho o lo poco que uno pueda, dentro de una realidad en la que tal vez se tenga poco que perder… y no sé si poco que ganar.

Una historia emotiva, apasionada y grandilocuente, todo muy al estilo nórdico. O sea, muy moderado y sosegado, aún a pesar de su último acto, que funciona muy bien en el manejo del lenguaje del cine de entretenimiento.

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