El primer día en Cannes, el antepenúltimo día del Festival..

hace 5 años en Eventos por

Por fin tengo un rato para ponerme a escribir el final de mi primer día en Cannes. Casualmente, el antepenúltimo día de esta edición del festival. Y si, se que los comienzos son difíciles pero esto el hecho de llegar hasta aquí me ha sido una auténtica odisea. Primero porque el billete de tren que me compré para venir desde París me lo anularon por huelga el día antes de salir para acá. Y segundo porque en el tren que finalmente me trajo a tierras sureñas francesas, tuve que vérmelas con el revisor al poco de arrancar, porque resulta que en ese tren, a diferencia del que debía de haber cogido originalmente, no se admitían bicis. Y yo tenía la mía en medio del pasillo. Vaya estrés. El hombre, más enojado por el asunto que con un terrorista abordo, me decía que si quería llegar a Cannes con la bici, debía de desmontarla allí mismo. ¿Desmontarla? No pude evitar que se me escapara una sonrisa. Menos mal que con un poco de labia y con ayuda de sus compañeros, se le acabó pasando el calentón y de muy buenas, me acabó dejando amarrarla en un espacio que no molestase a los pasajeros.

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Y  llegué a Cannes. Las puertas se abrieron y me hice paso sobre pedales con dos mochilas, una a la espalda y otra en el pecho, para salir entre la marabunta de gente que buscaba una bocanada de aire glamuroso en el mediterráneo. En la puerta saqué el móvil y me dejé llevar hasta el hotel en el que me hospedo, que está a unos 15 minutos andando del Palais du Festival. Aquí dejé una maleta, la de la ropa, y salí por patas para unirme, con retraso, a la fiesta del cine.

Lo primero que hice al llegar, después de darme un buen paseo por el paseo marítimo, fue recoger mi acreditación correspondiente y mi maleta del festival, donde encontré toda la información de interés para poder desplazarme con soltura entre salas. La verdad que me sorprendió mucho la atención recibida. Cada miembro del personal tiene una bonita sonrisa que regalar a cambio de un “merci” o un “bonjour”: Y eso, pues se agradece sobre todo cuando uno anda desbordado por cubrir el máximo de eventos posibles y sin además controlar el tiempo de desplazamiento entre lugares de interés. Y debo de ser ya el último que anda así, porque el ambiente olía a clausura más que nada. Aún así, yo tenía que pasármelo bien aunque fuera el nuevo en cuestión.

Controlando mis ansías por verlo todo, conseguí concretar dos objetivos. O una película o una masterclas. La masterclass era impartida por Jacques Audiard (Óxido y hueso (2012), El Profeta (2009)) y al parecer fue majestuosa. Pero bueno, yo tampoco puedo decir que saliera perdiendo al decidir ver en un buen asiento –en medio de la sala vamos – de El Grand Theatre Lumiere, la película interpretada por Juliette Binoche, Kristen Stewart, Chloë Grace Moretz y dirigida, por otro grande, como es Oliver Assayas. Efectivamente, hablamos de una de las favoritas en la sección oficial: Sils Maria. Pieza que ya de ante mano recomiendo y que sin duda me dejó un gran sabor de boca el resto del día, preferentemente por su simplicidad en el argumento y su complejidad interpretativa, las cuales están bordadas con oro. Por cierto, tengo prevista una critica de la misma. No digo más.

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Una vez terminada la película, ya no me encontraba solo en Cannes. Ya tenía en mi posesión esa extraña sensación de estar en la onda de aquel micro-mundo cinematográfico -porque Cannes es eso, una película en si misma-. Pero hay otra razón. Y es que también me hice con un compañero de batallas, llamado Nando, durante la misma proyección. Ambos almas solitarias en busca de un refugio entre proyección y proyección. Que lujazo.

Sin deambular mucho, nuestro siguiente objetivo fue ver la entrega de premios Fipresci (La Federación Internacional de Críticos de Cine) en una carpa entre veleros, situada en la Plage de Carpes. Una entrega que en líneas generales fue muy humilde y sin grandes parafernalias. El jurado, compuesto por profesionales del ámbito de 9 países diferentes, consideró como mejor película de la sección oficial Winter Sleep de Nuri Bilge Ceylan, y en la sección de Un Certain Regard la de Jauja de Lisandro Alonso. Por último destacaron Les Combattans de Thomas Cailley como el descubrimiento de la edición, proveniente de secciones paralelas como la de La semana de la crítica o la de Quincena de realizadores.

No iba mal la cosa. Una película y una entrega de premios en menos de 3 horas no era mal comienzo. Así que lo celebré con una buena copa de champan que, como no, ofreció la organización para celebrar los premios Fipresci. Copa que acabé terminándome mientras contemplaba, desde la zona de prensa, la llegada de las estrellas a la alfombra roja. Aquello si fue un show digno de recordar, aunque las gradas de las grandes cadenas informativas nos taparan casi todo el espectáculo. Entre otras cosas porque vimos a muchos de los grandes, como viene a ser Tarantino y su séquito de Pulp Fiction -la cual se proyectaría más tarde en el cine de Ágora (un cine de verano vamos) – y también al reparto y director de, precisamente, Sils María. Pero bueno, a mi con el glamour me pasa como con los postres; con una o dos cucharadas me basta.

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Para culminar el día, mi compañero reportero Nando, sugirió presenciar la entrega de premios de Un Certain Regard. Y eso hicimos. Pero eso si, para eso tuvimos que rodear todo el sistema de vallas y controles acondicionados para el espectáculo de dicha gala. Sin embargo, para todo lo que no fuera eso, la acreditación era implacable.

Ya en la sala Debussy, tomamos asiento. Esta vez no tuvimos la suerte de estar en la grada central, pero es que tampoco pueden ser todos los días Navidad. Fue desde allí donde pude ver a Pablo Trapero en carne y hueso, nada más y nada menos que el presidente del jurado Un Certain Regard en esta edición del Festival de Cannes 2014. La ganadora fue White God de Kornél Mundruczo con un reparto compuesto por Zsófia Psotta, Sándor Zsótèr. Y como no, fueron la que proyectaron después. Yo personalmente no conozco mucho el cine Húngaro pero si hay algo con lo que me quedo es con la gran puesta en escena. Y por supuesto con el gran trabajo doméstico de los perros. Argumentalmente sin embargo creo que se va de madre. Lo que parece un drama acaba convirtiéndose en una extraño cocktel entre gore y ficción, sin base argumental y que parece que se sacan de la manga por motivos puramente pretenciosos.

Siendo las 21:50, ya podíamos dar por terminado la jornada de hoy Viernes. En Cannes era ya de noche cuando salimos de la sala, pero en esta época parece que la ciudad no duerme. Aún así, todavía tuve tiempo de ponerle una guinda a la noche; Cenar una chesseburger viendo Pulp Fiction a la luz de las estrellas.

Y ahora si me disculpan, me voy a dormir que mis párpados ya no perdonan.

Mañana más y mejor.

 

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