El Cubo de Kubrick (2ªparte.)

hace 4 años en La silla del director por

Al volver del infinito, algo cambió en su forma de observar el mundo. Una marcha fúnebre inundó cada mirada ajena de un naranja vivo;  tras cada compás, la música adquiría un nuevo significado a la vez que Kubrick era Alex, y lo que antes fue invisible a los ojos del que miraba desde la butaca, invadió poco a poco los rincones de cada sala de cine del planeta.

Serían cinco películas más las que le separarían de la inmortalidad; cinco películas y treinta años para renacer en el firmamento. Desde aquel día de 1999 en que su estrella se encendió, es fácil sentir el espíritu de Stanley Kubrick vagando por el imaginario popular en las salas de cine. Fueron pocos los días que pasaron entre la finalización del montaje de su última película y la trascendencia del director; en cierto modo, dio la sensación de que no podía marcharse sin terminar su trabajo.

‘Eyes Wide Shut’ catapulta al espectador a ese oscuro lugar que ocupa el deseo por lo desconocido. Existe un sector de la crítica que siempre menosprecia en cierto modo esta cinta, habiendo calado en mucha gente que habla del último trabajo del director como “flojo”. Toda opinión es respetable pero para mí la cinta tiene cosas que no se pueden encontrar en el resto de películas del director (algo que pasa con cada una de ellas).

Stanley Kubrick 43 -  Eyes Wide Shut

No es la archifamosa escena delante del espejo entre Tom Cruise y Nicole Kidman; tampoco la espléndida banda sonora (como siempre). Kubrick crea una atmósfera cortante y fría, donde el suspense se desarrolla al pulso del genio y su cámara. La diferencia entre una película de suspense y Kubrick haciendo una película de suspense, es fácilmente apreciable después de ver la que fue su última sinfonía fílmica.

Fue en aquel momento de un naranja intenso, en que el molde de lo que se entendía como cine, se rompió irremediablemente. Nada volvería a ser igual después de aquello. La violencia; siempre la violencia. Una lacra que forma parte del ser humano. La violencia llamada gratuita implícita en la razón; ser capaz de entender el mal. Esa violencia que viste los límites de la imagen vista por Kubrick y que trascendió a la propia obra para convertirse en violencia mediática; en violencia irracional contra el artista. Incomprensión.

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¿De qué trataLa Naranja Mecánica? La respuesta corta podría ser “la violencia”; una respuesta más precisa sería: “La violencia implícita en el ser humano por su naturaleza”. Podría dedicar un post o dos a hablar de esta grandiosa película; disertar o debatir (como tantas veces entre amigos) sobre el profundo análisis que ofrece la cinta sobre el hombre (mujer) como ser social, con lo bueno y lo malo que ello conlleva. La miga que se puede sacar de su metraje para discernir entre cañas parece no terminar nunca desde la primera vez que la vi.

A nivel técnico nos encontramos con un ejercicio de maestría cinematográfica. El distanciamiento del director sobre la acción, produce esa sensación tan típica en Kubrick, que viste varias de sus obras de una medida frialdad, hecho muchas veces criticado. El resto es sobradamente conocido por todos: el uso de la música, la iconografía del film, y como siempre cuando se trata del genial realizador, una obra maestra que nunca envejece.

El carácter perfeccionista y meticuloso de Kubrick era de sobra conocido en el mundillo desde siempre. Fue a partir de ‘La Naranja Mecánica’ cuando además contó con “carta blanca” por parte de la productora. Ya había escrito su nombre con letra perpetua en la historia con 2001, pero gracias al probablemente mejor contrato del que nunca gozó un director, hizo que su más que  demostrado genio, se pusiera a disposición de la historia para explorar los límites que se pueden alcanzar con una cámara y su visión total del cine.

Así fue como tras aparcar (para siempre a posteriori) su proyecto sobre Napoleón, se embarcó en la película que llevaría la fotografía cinematográfica a donde nadie (que yo haya visto a excepción de Andrei Tarkovsky) ha conseguido volver a llegar. ‘Barry Lyndon’ sin embargo no es sólo su irrepetible aspecto técnico; tras esa luz totalmente natural que Kubrick atrapó a través de un objetivo diseñado para retratar el espacio espacial, se esconde la quebradiza mirada de un Ryan O’Neal que no volvería a brillar como a través del ojo “alephiano” de Kubrick.

Desde el segundo uno, el sonido de la Zarabanda de Händel se convierte en el sobrecogedor sonido que acompaña a cada pincelada de las tres horas pictóricamente perfectas de esta gran obra ambientada en el siglo XVIII. Una película que ocupa un lugar privilegiado en la filmoteca de quien escribe. Una historia grandiosamente bella y triste, que sin embargo fue de las películas más discretas a nivel de éxito del director. No sabría expresar con palabras esta película, sólo puedo recomendarla enérgicamente.

Siempre he pensado que Kubrick es al cine lo que The Beatles a la música. Una obra no muy extensa, compuesta de los más diversos estilos y temas, que además goza de gran reconocimiento de crítica y público. Comparaciones a parte, el director ya había tratado el tema (anti)bélico y épico-histórico; el cine negro al uso, y la sátira cómica; la ciencia ficción de diversa índole y la adaptación de una novela de tintes dramáticos. No obstante el cine de terror, comúnmente reservado a unas pretensiones más “ligeras”, artísticamente hablando, era un terreno sin explorar por el cineasta.

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‘El Resplandor’ fue mi primer rompecabezas cinematográfico, la primera película que me planteó un enigma que me fascinaba y me veía incapaz de aclarar. Parece que una película tan conocida y vista tantas veces es algo menos buena por conocerla al dedillo. Kubrick jugó a deconstruir la obra literaria de Stephen King (cosa que a éste nunca gustó). La cantidad de mensajes ocultos que se esconden a lo largo del metraje, hacen que nos adentremos en una narración tremendamente opresiva que contrasta con la grandezadel escenario donde se desarrolla.

El poder que siempre tuvo Kubrick para dirigir actores, alcanzó una de sus cotas en la persona de Jack Nicholson. Las carreras por los pasillos del Hotel Overlook, las gemelas, ascensores…Todo es parte de la memoria de casi cualquiera que haya visto algunas películas en su vida y tenga un poco de gusto.

El eterno enigma que siempre será ‘El Resplandor’ sucedió a la época menos prolífica del cineasta. Proyectos cancelados o nunca llevados a cabo a parte, la realidad fue que sólo dos películas más saldrían del ojo de Stanley Kubrick. La ya mencionada ‘Eyes Wide Shut’, y su particular visión de la guerra del Vietnam.

‘La chaqueta metálica’ apareció después de la oscarizada ‘Platoon’ y años después de la magnífica ‘Apocalypse Now’ (la versión clásica). El tema de Vietnam ya había dado varias películas y pese a la carencia de originalidad en el contexto, Kubrick entregó de nuevo una gran película. El retrato del entrenamiento de los marines (que tanto reímos de más niños) es absolutamente magistral artística y técnicamente. La experimentada mano de Kubrick hace del conflicto bélico un arma de destrucción masiva de todas las guerras. El antibelicismo y la irracionalidad de las guerras queda forjado en el tiempo con esta gran cinta.

Stanley Kubrick es, con seguridad, uno de los directores sobre los que más se ha escrito, dicho, y mostrado. Los documentales sobre sus películas o su vida son totalmente recomendables para todo cinéfilo. Todos estos documentos no son casualidad. Al lado de Kubrick en la historia hay otros que tuvieron su talento, pero la trascendencia comercial al nivel del cineasta americano puede que sea un caso único. Claro que existe Spielberg, el cual tiene una filmografía memorable; no obstante, Kubrick tenía ese otro taleno, ajeno a la mayoría, ese talento que sólo algunos poseen: el don de dar con el Aleph y ser capaz de ver más allá de lo a priori posible.

 

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