El arca rusa – la herencia de Tarkovski en una toma

hace 3 meses en Revisitamos por

Dentro de algo menos de un mes se cumple el treinta aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski. Un cáncer se llevó a uno de los grandes cineastas de la historia demasiado pronto, y muy lejos de su querida Rusia. Hasta hace poco tiempo, creí que su estilo y obra se había quedado sin herederos; pero entonces descubrí una película: El arca rusa, dirigida por Alexander Sokúrov.

Un par de extractos y su premisa bastaron para que me quedase con el título en la cabeza. Hace poco pude verla por fin, y no me decepcionó. ¿Cómo contar 300 años de historia rusa en una única toma durante hora y media? La respuesta está en los pasillos del museo Hermitage de San Petersburgo, donde un frío día de diciembre a principios de este milenio, se rodó—’aprovechando’ las cuatro o cinco horas de luz en esa época del año— una de las obras más singulares de la historia del cine, todo en una única toma. Un hito en la historia del cine.

El arca rusa

Centenares de extras, tres orquestas interpretando las obras mientras una sola cámara salta por los últimos siglos de la historia sin seguir un orden cronológico, usando para ello la voz del propio Sokúrov para dar vida al ‘protagonista’ que jamás vemos tras la cámara, y que de algún modo también es el propio espectador. Además de todo esto, El arca rusa fue la primera película rodada en HD sin comprimir; a pesar de ello, a día de hoy no es una película especialmente conocida.

No voy a engañar a nadie, es impresionante pensar en que esta película se rodó en un único plano y que no existe corte alguno, pero al igual que el cine de Tarkovski, la cinta de Alexandre Sokúrov posee esa cadencia pausada y sin prisas que ayuda a saborear cada minuto y cada imagen gracias a una dirección soberbia. Claro está, lo disfrutarás si eres capaz de aceptar ese ritmo tan poco habitual en los cánones comerciales del cine de nuestros días. Más allá del ritmo pausado, la película juega al realismo mágico no solo por los saltos temporales, si no por la propia acción, en la que muchas veces el protagonista es un espectador más, invisible a todo lo que sucede a su alrededor.

Esa sensación onírica y soñolienta reviste los sucesos reales que acontecieron y marcaron la historia de Rusia, convirtiendo El arca rusa en una gran balsa metafórica que navega a la deriva de los tiempos. Alexandre Sokúrov, para quien Tarkovski, además de amigo, es una influencia fundamental en su obra. Puede que siempre sea un gran desconocido para el público y nunca llegue a la trascendencia del primero, pero con esta película, se ganó un hueco en la historia del cine.

 

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