David Lynch. Un poco de sal para mis ojos que tengo sed.

hace 7 años en La silla del director por

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Abrí una puerta de un piso en el cual nunca había estado; tras de sí, se mostró a mis ojos una habitación que no había visto antes y que  sin embargo, reconocí enseguida. Supe, según entraba en dicha habitación, que al doblar el pasillo, éste se perdería escaleras abajo hasta otro punto de donde nacerían dos escaleras, esta vez hacia arriba, dando lugar a nuevas habitaciones y escaleras… Todo esto lo sabía, o así lo sentí, un día en casa de un amigo (pasó de verdad, no es literatura). La realidad fue que tras la esquina, el pasillo era sólo eso, un pasillo. De pronto, vino a mí la imagen del sueño que evoqué tan fuertemente en aquel momento; lo vi  tan claramente que, aunque era algo olvidado en mi subconsciente, de repente apareció como un recuerdo real, al que incluso añadí a mis amigos allí presentes como parte de él. Lo sé, sé que dan ganas de dejar de leer aquí mismo, pero esta historia tiene un motivo. El cineasta del que voy a hablaros podría hacer de este momento algún tipo de experimento fílmico con múltiples posibilidades artísticas sin dejar indiferente a nadie. Me refiero al controvertido y genial director David Lynch.

A los veintitantos años, David Lynch empezó a dar sus primeros pasos en el mundo del cine; como comprenderéis, estos eran más bien pequeñitos, pero ya desde entonces se puede ver lo lejos que estaba de convencionalismos y normas, por donde será habitual encontrarle a lo largo de su filmografía. Todo arrancó con un pequeño trabajo totalmente experimental de apenas cuatro minutos, llamado “Six Men Getting Sick“. Lo sé…es la típica animación que podemos encontrar en algún museo de arte contemporáneo sin que entendamos muy bien su significado. No sé que pretendía Lynch con ello, o si acaso hay que buscarle algún sentido, pero sí sé que éste fue su primer paso para que hoy esté aquí hablando de él; todo tiene un principio. Así, ahora vemos este primer corto de Lynch y podemos pensar: “David tío… ¿Qué es esto?”, pero claro David Lynch sólo era un joven con bastante personalidad, libre de cualquier tipo de ataduras, y con la libertad que sólo puede encontrar el artista que no busca complacer a nadie más que a sí mismo. Además, este cortometraje le reportó un beneficio económico que, naturalmente, invirtió en un nuevo trabajo. Así fue autofinanciándose durante sus primeros años, hasta que tuvo la oportunidad de llevar a cabo su primer largometraje.

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Eraserhead” o cómo filmar el desvarío causado por una fiebre aguda. Creo que hay pocos debuts que impacten tanto como esta película. A través de la trama puedes sentir como el bueno de David se dedica a meterte el dedo en los ojos a la vez que no puedes dejar de mirar las imágenes ni un segundo. Junto a Polanski, le considero el director que se acerca con mas atino a ese mundo oscuro y surreal que puede ser una mente enferma o inestable. Lynch se presentó al mundo en un blanco y negro aterrador, una disonancia de noventa minutos que crea en el espectador repulsión y admiración al mismo tiempo. Es evidente la influencia del Buñuel más surrealista (“El Ángel Exterminador” por ejemplo) llevado a un extremo más sombrío. Existen hoy en día cuestiones sin responder como, qué utilizó para hacer el “bebé”; hay quien dice que es el feto de algún mamífero…y no diré más que eso. A lo mejor pensáis: “oye que el cine no es para pasarlo mal, que hay que divertirse” o “el cine es entretenimiento”. Os diré que sí, estáis en lo cierto, pero también existen artistas que no buscan el beneplácito del que mira sino desarrollar su obra libremente. He aquí un buen ejemplo, Lynch debuta en la dirección, producción, guión, montaje, efectos especiales…todo con mucha paciencia y trabajo. Tardó nada menos que siete años en llevar a cabo el proyecto, trabajando en todo tipo de empleos para financiar el film.

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Tras “Eraserhead”, película que le valió el reconocimiento en los círculos más selectos del séptimo arte (el propio Kubrick señaló la cinta entre sus favoritas), fue contratado por Mel Brooks (tan lejos de Lynch cinematográficamente…) quien también quedó fascinado con la opera prima del director, para la que fue su segunda cinta “The Elephant Man“. De nuevo en blanco y negro, y otra vez con un resultado soberbio. Este nuevo trabajo, más accesible aunque bastante lejos del cine más comercial, narra la vida de John Merrick (John Hurt, papel sobresaliente),  el cual sufre distintas malformaciones físicas y todo lo que le acarrea este hecho en su vida. La película es como suena: un filete servido crudo y sin aderezar al que hay que hincar el diente y disfrutar de su sabor, porque realmente lo tiene, aunque a simple vista parezca todo lo contrario. Temáticamente evoca a la irrepetible “Freaks” (Tod Browning, 1932), en ambas cintas encontramos las cloacas de la racionalidad, la deshumanización de las personas; Lynch demuestra su talento y prematura madurez (entonces contaba 34 años) en esta película basada en hechos reales, por la que fue nominado con hasta ocho Oscars (sin ganar ninguno…tampoco “Raging Bull” ese mismo año…los Oscars…ya sabéis).

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Es curioso, porque es probable que ‘Dune‘ sea la película más famosa de David Lynch, si dejamos a un lado Twin Peaks, sin embargo, el director la aborrece por todo lo que supuso hacer una superproducción, y seguramente sea la que tiene menos elementos “lynchianos” de su filmografía. Se plantea un par de cuestiones: ¿Cuanto menos Lynch más dolares? ¿Acaso el estilo de David Lynch es tan marciano? Respondería que no y que un poco. La cinta fue un fracaso comercial además de que Lynch acabara asqueando el resultado por la influencia de la productora en el resultado final. Manosearon el guión de Lynch, quien acabó por resignarse en dicho proyecto, poniendo su vista en el siguiente: ‘Blue Velvet‘. En ésta, y por contrato con la misma productora, Lynch tendrá control total sobre el resultado (vamos que tuvo que tragar por una buena causa). Como hablamos de Lynch me paro en “Dune”, pero personalmente es la película que menos me interesa del director.

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Los grandes artistas, normalmente, tienen un período inicial en el que demuestran su talento y personalidad, para, posteriormente, mostrar al mundo este talento maduro y en todo su esplendor; creo que con ‘Blue Velvet‘, asistimos a la primera muestra de esta idea, en esta cinta encontramos todos los elementos típicamente lynchianos, que a partir de aquí serán seña de identidad del director norteamericano, haciendo de esta cinta quizás no la mejor, pero sí la primera en la que es inconfundible el estilo del realizador. Recuerdo la primera vez que la vi; tendría unos veinte años, y la verdad es que apenas me gustó. No la entendí, no comprendí la historia, cada uno de esos elementos tan polarizados que componen las imágenes de las dos horas que dura. Años después la volví a ver, esta vez me hizo más gracia, además de quedarme fascinado con Dennis Hopper, quien en mi opinión hace uno de los grandes papeles de su carrera. Pero hace poco la vi nuevamente; esta vez fue distinto, entré de lleno en la historia. El simbolismo que esconde la primera escena de la cinta me atrapa totalmente, es el preámbulo perfecto de lo que viene a continuación; un mundo ideal que esconde una verdad oculta que sustenta nuestras vidas. Blue Velvet habla de la realidad, con todas sus aristas y puntas, con todo lo irreal que puede llegar a tener. Nos muestra como un mundo idílico es relativamente real, pues sólo vemos la parte bonita de las cosas. Lynch en estado puro, con una puesta en escena cristalina, donde toda la cinta parece poseer ese terciopelo azul por filtro, donde la curiosidad e inquietudes del protagonista (Kyle Maclachlan) te muestran una historia con unos personajes tremendamente profundos que pueden dar que hablar largo y tendido sobre ellos. Aparece por primera vez la bella música de Angelo Badalamenti, seña inconfundible en posteriores trabajos de Lynch, como enseguida veremos.

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Es justo nombrar a Angelo Badalamenti, pues debe haber poca gente de veinticinco para arriba que no reconozca esta música en cualquier lugar del mundo. La escucho mientras escribo estas líneas, y como siempre me pasa, un escalofrío recorre mi nuca recordando la inolvidable “Twin Peaks“. Para mí, fue durante años un vago recuerdo de mi infancia, reconocía la música que me era familiar, pero nada más. Hace unos años me hice con el episodio piloto, el cual me dejó completamente fascinado. Intrigado por la famosa frase ¿Quién mató a Laura Palmer?, quise hacerme con el resto de la serie, y en un ataque de consumismo puro, me compré el pack con todos los extras del mundo para verla lo antes posible. Recuerdo devorar cada capítulo, disfrutando del agente Copper (Kyle Maclachlan nuevamente) y el elenco de actores que forman una telaraña perfecta (al menos durante los primeros quince episodios). Parece un milagro que tratándose de un trabajo de David Lynch (en colaboración con Mark Frost), tuviera la repercusión que tuvo, la cual todavía está vigente hoy en día. Sí, hay Lynch por todas partes. Desde la famosa habitación roja, hasta la relación con el Tibet del agente Cooper, o cómo la serie está rodeada de un misticismo bastante oscuro. Lynch fue el primer sorprendido por el éxito que alcanzó; éxito que la productora no supo llevar, acabando con la trama principal en el ecuador del total de los capítulos, haciendo que, pese a tener un desenlace digno, la serie bajara de calidad notablemente, teniendo a Lynch más pendiente de la que sería su siguiente película ‘Wild at Heart‘.

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Esta película me desconcierta. Para empezar tenemos a un joven Nicolas Cage acompañado de Laura Dern, un par de jóvenes que viven al límite un amor sin barreras (de ningún tipo vaya), huyendo hacia ninguna parte. Sí, si lo pensáis recuerda a “Amor a quemarropa” enormemente. Lo que sucede que esta película es del bueno de David… no lo olvidemos. Con ‘Wild at Heart’ Lynch vuelve a revolver la conciencia del que mira. ¿Por qué David? Creo que conmigo consiguió su objetivo. Aquí la violencia se convierte en un juguete en manos del director. En todo momento permanezco distante de todo lo que pasa, todo parece irreal, no me gusta nada de la película, y sin embargo, quiero ver como termina. Enorme Willem Dafoe, sólo dejaré su imagen…pues así, toda la película, con esa cara que acabas de poner.

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Estamos en la segunda mitad de los noventa, ya sabéis Spice Girls, la Macarena, Forrest Gump…por allí pululaba un día el señor Lynch haciendo garabatos en sus pensamientos para acabar por regalarnos, la que quizás sea su película más controvertida: “Lost Highway” (1997). Conmigo lo vuelve a conseguir. Desde el primer momento me siento atrapado por la trama; en esta cinta todo vale, es algo que a mucha gente no le gusta, y de donde suelen venir las críticas respecto al film. La cámara juega un papel importante en la película, todo es tan cierto como lo puede ser una imagen que vemos en la pantalla. Realidad o no, creo que Lynch alcanza una de sus cotas más altas con esta, infumable para muchos y genial para otros, película. Sólo dejaré el trailer para abrir boca a los que se atrevan con ella:

Después de la desasogante, intensa y difícil Lost Highway, Lynch, haciendo gala de su gran personalidad, da un giro que nadie podría esperar. Una película producida por Disney (esto si que es surrealista). En ‘The Straight Story‘ no aparece ningún enano, no existe esa atmósfera opresiva de otras cintas, no está Lynch, sin embargo, está. Para mí, independientemente que hablemos de David Lynch, esta es una de esas películas que trascienden en la memoria. No es que me guste,  es una película tan bella en la sencillez de la que hace gala, que se convierte en pura emoción. Los acordes de Badalamenti visten los ojos del protagonista Alvy Straight (Richard Farnsworth, actor anónimo la mayor parte de su carrera, buena parte de ella como especialista), quien viaja a lomos de su cortacesped al encuentro de su hermano enfermo con el cual no se habla desde tiempo atrás. Esto es cine, si tuviera que escoger quince películas para salvar el cine de un ataque extraterrestre, es probable que una de ellas fuera ésta. Sólo puedo recomendarla a  todo el mundo. Es una cinta sencilla, lejos de cualquier pretensión, sólo es cine.

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Tras esta plácida isla dentro de la torrencial marea cinematográfica de Lynch, el director regresó por sus derroteros con otra película en la línea de “Lost Highway”: “Mulholland Drive“. Hasta aquí no he mencionado la relación de Lynch con la meditación trascendental. Aunque la mayoría de su cine sea sombrío y bastante abstracto, Lynch es una persona que se considera feliz y pleno, y así fue desde su infancia. Menciono esto ahora, porque Mulholland Drive, que en principio fue un episodio piloto (rechazado por una famosa cadena de TV), nació de la propia meditación. Según el propio Lynch tenía todos los elementos para llevar a cabo la película excepto la propia historia, que le sobrevino cuando estaba en su particular limbo. Fue la primera película que vi de Lynch, y fue un flechazo. Mucha gente no soporta esta película, pero para mí Lynch da una lección de cómo ser creativo en pleno siglo XXI, en una industria/arte que parece haber agotado los recursos. Crea una línea argumental libre pero con sentido, Lynch sugiere y da pocas pistas, y cuando el que ve tiene que ser activo, suele causar críticas en el espectador común. La gente está demasiado acostumbrada a que el director le mastique la película en cada plano. Aquí tenemos el polo opuesto. Estoy dispuesto a defender esta cinta si alguien la ve y se siente engañado por mi persona, atenderé gustoso las quejas, pero ya aviso de que aquí vais a encontrar una película distinta a la mayoría.

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Después de este film, el cineasta comenzó un viaje en busca de nuevos caminos y horizontes en lo que a la realización de películas se refiere. Durante el comienzo del nuevo siglo Lynch produce varios cortometrajes en las que explora nuevas técnicas de producción. De algún modo, el director completa su círculo volviendo a sus primeros años donde sus obras se movían por la vanguardia del mismo modo que en la actualidad. Podemos destacar la miniserie “Rabbits” (2002) o la que hasta ahora es su último largometraje, “INLAND EMPIRE” (2006 y así en mayúsculas), donde David Lynch se propone retratar el mundo de los sueños o pesadillas como no había hecho antes. En esta película él se lo guisa y él se lo come: dirige, escribe, compone la música, la fotografía…Lynch fiel a sí mismo, pero con las posibilidades que le dan su carrera, va más allá, muchos lo dan por perdido pero él sigue explorando las posibilidades que le da el cine.

David Lynch, un cineasta que desata pasiones y odios a partes iguales; siempre por su particular camino sin preguntar a nadie y sin esperar nada de nadie. El ha declarado en alguna ocasión su admiración por Fellini, Kubrick, Buñuel…Mitos del celuloide que tuvieron en común la fe absoluta en lo que hacían, más allá de las masas o los convencionalismos. No comparo a Lynch con ellos, la historia le dará su sitio con el tiempo. Pero si buscáis un cine distinto por encima de agradar al espectador de palomitas y refresco tipo, probad con Lynch, aunque jamás os lo recomendaré por las posibles represalias; simplemente si os llama, abridle la puerta, a ver que sucede.

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