Blade Runner 2049: Deseos sensatos y necesarios

hace 2 semanas en Desvarios cinéfilos por

Poco resta por escribir sobre Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Desde el preciso momento de su estreno hasta nuestros días, la obra cumbre de la ciencia ficción cinematográfica que reseñamos ha hecho surgir (y lo seguirá haciendo) infinidad de críticas, estudios, interpretaciones e incluso precuelas y secuelas, tanto de la novela en la que se basa (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick, 1968) como del mundo que recrea.

Por lo tanto, tomando como punto de partida el escaso margen que queda para alimentar un monstruo de tamañas dimensiones, ¿qué podremos añadir que sea original o enriquecedor? La respuesta es única e inevitable: la subjetividad del espectador, los sentimientos personales que despierte la visión de Blade Runner.

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Lo primero que se desea, a 25 años vista del comienzo de la leyenda de la obra de Scott, después de decenas de visionados, lecturas posteriores, reediciones y discusiones encarnizadas, no es otra cosa que la existencia de una máquina del tiempo que nos permitiese ver la película por primera vez, con ojos ansiosos y asombrados, atónitos ante el espectáculo visual, absolutamente cinematográfico, profundamente filosófico, hermoso y oscuro que se nos brinda. Porque Blade Runner, como todo clásico, trasciende los límites de sus 117 minutos de duración (la primera versión), creando una realidad a su alrededor, transportando al espectador a una distopía palpable tan atractiva como decadente, perfecta en su iconografía y espectacularidad.

¿A quién no le gustaría volver a enamorarse de Pris, sentir piedad por Rachel, comprender las dudas de Deckard o empatizar de manera extraña con Roy? ¿quién no querría volver a transitar las calles de Los Ángeles, lluviosas y oscuras, llenas de un bullicio inhumano y punk? De todos modos, la magia del viejo Blade Runner, ese Harrison Ford atormentado e implacable, siempre vuelve con cada revisionado, no ya con la frescura inicial, pero sí con la fuerza de lo eterno.

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El próximo 6 de octubre se estrena la secuela de Blade Runner, pasando la acción al año 2049, y las ansias y expectativas creadas por los millones de fans no pueden ser más altas. No es para menos: actores consagrados, director refutado, producción tutelada por el maestro Scott… Todos los ingredientes precisos para crear un nuevo hito que consiga, cuanto menos, recrear aquel ejercicio que realizábamos en la original: sumergirse en una realidad paralela, empatizar con cada personaje, pensar en el significado de cada fotograma, de cada frase.

Y todo sin dejar de disfrutar de un espectáculo de puro cine.

Que se cumplan nuestros deseos.

 

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