Tres cosas que queremos ver en ‘Rogue One’

hace 9 meses en Desvarios cinéfilos, El despacho del Master por

Mañana se estrena Rogue One: Una Historia de Star Wars y muchos lo hemos esperado con verdadera impaciencia. Si eres uno de ellos, sin duda que vas a coincidir con nosotros en muchas cosas. No la hemos visto aún –este año no ha sido posible–, así que todo lo que leerás aquí es mera hipótesis. Lo mismo hicimos con Star Wars, Episodio VII: El Despertar de la Fuerza: sencillamente no podemos aguantar.

Obviemos lo evidente: todos queremos ver, cómo no, batallas espectaculares, nuevos héroes en acción, naves estelares haciendo filigranas entre una lluvia de lásers, maquinaria imperial pesada arrasándolo todo a su paso; amén de una buena historia, personajes carismáticos y emociones desatadas, con sus puntos de comicidad irónica –vuelta al humor original, y no al jarjariano–. Es Star Wars, queremos, ante todo, pasárnoslo muy pero que muy bien.

Tan sólo la grandeza estética en general, de los vehículos, los lugares, los ambientes o las razas alienígenas; simplemente el valor nostálgico de traer de vuelta los diseños clásicos archiconocidos y ponerlos de nuevo en acción (Destructores Estelares, Alas X, Alas Y, cruceros rebeldes, AT-ATs –ahora AT-ACTs, pero en esencia lo mismo–, AT-STs, cazas TIE y un largo etcétera que te resultará más o menos familiar conforme más seguidor de la saga seas). Además, cómo no, de los nuevos diseños (Alas U, TIE Strikers o los nuevos tipos de soldado imperial –shoretroopers, deathtroopers–). Todo eso es ya de por sí maravilloso.

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Lo que aquí recogemos son únicamente tres elementos o conceptos narrativos que nos gustaría que estuvieran en Rogue One: Una Historia de Star Wars. Tres ingredientes que no tenemos ninguna duda de que estarán en la película y harán de ella, junto a todo lo demás, una magnífica, emocionante y memorable primera entrega de la serie de spin offs que Disney nos está preparando.

I. INMEDIATEZ CRONOLÓGICA: La pieza perfecta

“Ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza…”

Cuando arranca Star Wars, Episodio IV: Una Nueva Esperanza, nos encontramos con Leia Organa espoleada por la urgencia de impedir que los planos de la Estrella de la Muerte caigan en manos del Imperio. La corbeta rebelde Tantive IV es asaltada por el mismísimo Darth Vader con un claro objetivo: encontrar esos planos. No estamos ante una Rebelión que haya tenido estos documentos en su poder durante mucho tiempo, haya podido hacer copias y haber guardado la valiosísima información en lugar seguro.

Lo que tenemos es a una líder desesperada confiando en un astrodroide llamado R2-D2 y apostándolo todo a una carta: Obi-Wan Kenobi.

Por tanto, la conexión entre ambas películas ha de ser directa, inmediata, casi instantánea. Rogue One debería de finalizar, siguiendo la cohesión cronológica, justo antes de Una Nueva Esperanza. No un poco después, justo antes. De hecho, toda Rogue One no es sino la historia de cómo se forja esa nueva esperanza, si consideramos que el título hace alusión a que la Rebelión tiene una renovada posibilidad de vencer al Imperio, materializada en la posesión de esos planos y personificada en quien hará buen uso de ellos, aún cuando pareciera imposible: Luke Skywalker.

Ver en esta entrega a personajes como R2-D2 o Leia Organa, aunque sea por pequeños instantes hacia el final de la película, no sólo supondría un magnífico caramelo visual para todo el mundo, sino que hilaría de manera magistral una entrega y la siguiente. ¿Leia rejunevecida? Por supuesto, no sería la primera ni la última vez que se haga algo así, por improbable que sea que lo hagan. Como mínimo, un plano general de la Tantive IV iniciando su importante viaje…

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II. GRANDES SACRIFICIOS: Tragedia galáctica

“Muchos bothans han muerto para traer esta información”

La cita pertenece a Star Wars, Episodio VI: El Retorno del Jedi y hace referencia a la información obtenida sobre la segunda base espacial, la Estrella de la Muerte II, no la primera. Sin embargo, su utilización viene como anillo al dedo, porque la intención dramática de esta frase, que la líder rebelde Mon Mothma dice de manera solemne y afectada a toda una sala llena de pilotos y oficiales durante los preparativos de la Batalla de Endor, es la misma que reivindico a continuación.

En lo que se refiere a la narrativa –y parece que a la vida en general–, las cosas adquieren mayor peso e importancia según el esfuerzo y el sacrificio que haya costado adquirirlas. Bastante lógico, ¿no? Si Rogue One va a ser la historia de cómo se construye esa nueva luz en la oscuridad, ese brillo de ilusión, de la posibilidad de ganar al Mal que representa el Imperio Galáctico (ahora con un nuevo y devastador juguete), debería representar a la perfección lo muchísimo que ha costado obtener esos famosos planos. A nadie le satisfacería que la cosa fuese pan comido o viento en popa. Una verdadera historia de sufrimiento, sudor y lágrimas consolidará un buen banquete dramático que revista de gravedad todos los sucesos posteriores, lo que es de por sí una gran responsabilidad.

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¿Te imaginas volver a ver Una Nueva Esperanza sabiendo –porque lo has visto, lo has vivido y has conocido a los personajes que hay detrás– lo mucho que ha costado obtener esos planos? Sin duda renovará la manera en que disfrutemos una revisión de esa entrega. Adquirirá un nuevo valor, porque se nos habrá ensanchado el imaginario que tiene que ver con esa parte de la historia de Star Wars. Emocionante, como poco. Pero esto debe tener un precio. Uno bien alto.

Pues bien, para que todo esto cobre especial fuerza, lo más indicado parece ser que haya grandes pérdidas en Rogue One. Hablo de muertes. Muertes dolorosas. Cuando volvamos a ver la mirada aterrada de Leia, fingiendo entereza ante el propio Lord Vader –mientras por dentro desea con todas sus fuerzas que los planos caigan en buenas manos–, debería venirnos a la cabeza los nombres y las caras de todos aquellos valientes que perecieron por conseguirlos. Cassian Andor, Baze Malbus, Saw Gerrera, Chirrut Îmwe, Bodhi Rook… y en especial, Jyn Erso. Cuanto mayor sean las pérdidas y mejor narradas estén, más profundo será el vínculo emocional entre los espectadores y la hazaña que, como todos sabemos, se resolverá en el éxito. Un éxito que debería ser agridulce.

III. RESPETO ABSOLUTO: Ojito con Darth Vader

“Su carencia de fe resulta molesta”

Al inicio de la Trilogía Original, el Senado Imperial acaba de ser eliminado y el Imperio ha dado un paso más en su implantación totalitaria. Si bien goza del favor especial de Sheev Palpatine, el Emperador, Darth Vader es todavía un subordinado a las órdenes del gran moff Tarkin y su rol se limita a la ejecución aplastante de los planes urdidos por su superior. Sea como sea, no tiene más que aparecer en pantalla para representar al villano perfecto y a la autoridad en persona.

Y esto es algo muy delicado. Darth Vader es en realidad el verdadero protagonista de todo Star Wars. Nadie duda de que la saga se fundamenta, esencialmente, en la vida de la familia Skywalker, y especialmente en Anakin Skywalker. Toda historia del hilo principal de Star Wars remite a él de una manera u otra. Precisamente por eso, cada aparición de Darth Vader debe de ser meticulosa y precisa, pues no es difícil no estar a la altura de tan icónico personaje.

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Ya en Star Wars, Episodio III: La Venganza de los Sith pudimos ver al señor oscuro del Sith por primera vez desde 1983, asistiendo al nacimiento del villano a la par que fallecía aquélla que representaba todo lo bueno que había en él: Padmé. No obstante, aquella aparición fue, salvando la escena de su construcción, casi meramente anecdótica. No sabemos cómo de sustanciosa será la aparición de Darth Vader en Rogue One: Una Historia de Star Wars, pero lo que sí sabemos es que queremos que sea una participación mesurada, contundente y, por el amor de la Fuerza, no excesiva o estridente.

Consciente de que en este punto puede haber discrepancias quizá con los menos puristas de la saga, abogo porque de ninguna manera se les ocurra poner a un Vader peleando con su sable láser rojo y haciendo piruetas marciales cual Yoda digital. No le hace falta, como tampoco le hacía falta a Darth Sidious dar triple saltos mortales para demostrar que era temible. Por supuesto, dudo que a nadie se le hubiera ocurrido poner a Vader en tal situación, pero sea cual sea su participación en la trama, todos queremos que represente al personaje impasible y poderoso que paraliza con su hueca mirada y asesina con un movimiento de la mano. Un ser con voz de mando y una vileza silenciosa, que refleja la furia contenida en cada cosa que dice y desprecia toda forma de vida, especialmente la que es rebelde.

Sea él encargado de intervenir de manera decisiva o no en la trama –me la juego: asesinando a la protagonista, por poner un ejemplo loco–, insisto: cada segundo suyo en pantalla será juzgado con lupa. Es una buena oportunidad para añadir oscuridad al currículum del personaje.


 

Estas son las tres cosas que querríamos ver en esta nueva entrega de la saga galáctica, o al menos creemos que son tres cosas que deberían cuidarse y tenerse muy en cuenta.

En breve habremos visto la película y sabremos si satisface o no lo que esperábamos de ella.

Hasta entonces, ¿qué esperas ver tú en Rogue One?

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